Los dos cimientos de la vida: la diferencia entre la prudencia y la insensatez

Dice la Biblia en Mateo 7: 24-28

24 Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. 25 Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. 

26 Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; 27 y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.

Introducción

El Sermón de la montaña termina con una estupenda parábola o comparación: dos cimientos, dos personas y dos resultados. Cristo dejó muy en claro que nuestra reacción a sus palabras pueden ser de oír y hacer u oír y no hacer. Si oímos y hacemos seremos hombres prudentes. Si solo oímos y no hacemos seres insensatos y nos arruinaremos.

Cristo concluye sus palabras este primer discurso registrado en el evangelio de Mateo con una clara advertencia de que no es simplemente oír el mensaje de Jesús, sino que es necesario e indispensable hacerlo, cumplirlo y obedecerlo para que haga la transformación que contiene.

La ayuda al prójimo necesitado, la forma de orar, el ayuno, el dinero, juzgar a los demás, la regla de oro, la puerta estrecha, los falsos profetas y la precaución con nuestra fe deben atenderse. No se debe echar en saco roto todo lo dicho por Él so pena de caer en desgracia con las tristes consecuencias de perder el reino de los cielos.

Estas últimas palabras Jesús recurre a los dos estados que el hombre puede tener en la vida o a las dos condiciones que puede experimentar ante la enseñanza que ha planteado. O el hombre puede ser muy prudente o de plano puede ser muy insensato. Él desea fervientemente que seamos prudente.

Los dos cimientos de la vida: la diferencia entre la prudencia y la insensatez

I. La prudencia de oír y obedecer a Jesús

A. Como una casa cimentada sobre la roca

B. Como una casa que se sostiene a pesar de las tormentas

II. La insensatez de oír y no obedecer a Jesús

A. Como una casa cimentada sobre arena

B. Trae una gran ruina

Aunque no esta anunciada así en la versión Reina Valera 1960, en realidad estas últimas expresiones de Jesús en el Sermón de la montaña son en realidad una parábola. El término a qué “compararé” tiene esa idea. La idea de un ejemplo para clarificar una idea, un pensamiento o unas palabras.

Jesús quería que se entendiera claramente el sentido de sus palabras. Quería que sus seguidores comprendieran cabalmente la responsabilidad que resulta de escuchar el evangelio. Ante las buenas nuevas no se puede ser neutral, es necesario oír y escuchar, pero también hacer u obedecer.

Cristo sabía perfectamente que no bastaba con oír. No es suficiente con solo prestar oídos es necesario e indispensable atender a las palabras de Cristo. Nunca olvidarlas, tenerlas siempre presente en nuestra vida cotidiana. Eso hará la diferencia entre un hombre prudente y un hombre insensato.

I. La prudencia de oír y obedecer a Jesús

La palabra “prudente” que utiliza Jesús aquí procede de la raíz griega “phronimos” que se traduce como sabio, sensato, inteligente, astuto. La expresión comunica la idea de alguien que está muy consciente de los intereses que tiene. La prudencia vista así, entonces, es una capacidad de saber distinguir entre lo que nos conviene y lo que nos afecta.

El prudente sabe distinguir o diferenciar lo que es inconveniente y lo rechaza. Cristo desea seguidores de esta clase. Hombres y mujeres muy capaces de discernir la diferencia de lo que les conviene en la vida y tomarlo con todas sus fuerzas rechazando todo aquello que los daña o perjudica.

A. Como una casa cimentada sobre la roca

Desde tiempos inmemoriales los hombres saben que se debe construir una casa sobre una roca. El ejemplo que utiliza Cristo para hablar del hombre prudente nos lo enseña. Una casa que ha de perdurar y que ha de sostenerse en medio de las dificultades naturales debe asentarse sobre piedras.

Un hombre prudente que cuida su patrimonio material y protege la vida de sus seres queridos edifica su casa, el mayor bien que los hombres pueden tener, sobre una roca y partir de allí construye su hogar y su familia. El sentido común nos debe llevar a esta verdad de hacer un edificio sobre la roca.

Escuchar y obedecer a Jesús nos conduce a vivir o ser como un hombre prudente, sabio, que sabe donde está justamente su interés y que por ello opta por construir sobre la roca para evitar calamidades que pueden surgir cuando la lluvia arrecia para convertirse en una tormenta.

B. Como una casa que se sostiene a pesar de las tormentas

La calidad de una casa se mide por su capacidad de resistir los fenómenos naturales como las lluvias atípicas o los sismos. En este caso hablamos de una tormenta. En todos lados llueve y nadie en su sano juicio puede confiar en que las lluvias siempre serán tranquilas. En los lugares más insospechados de pronto hay lluvias sumamente fuertes.

El hombre prudente ha de saber sortear esta clase de inconvenientes y salir bien librado cuando ha edificado su casa sobre la roca. Se salvará y salvará a su familia por haber optado por esta decisión.

II. La insensatez de oír a Jesús y no obedecer

En el otro extremo del hombre prudente encontramos al hombre insensato que es el que oye lo que Jesús dice, pero no lo atiende. Es la clase de persona que le gusta el evangelio, que lo disfruta y que, hasta en cierto grado, le complace, pero por alguna razón no lo pone por obra.

La palabra “insensato” procede de la raíz griega “morós” que en el Nuevo Testamento se utiliza una 12 veces y en otros pasajes se traduce como “tonto”, “estúpido”. La palabra sirve para señalar a la clase de personas que carecen del control de la realidad, como si estuvieran sin cerebro.

La idea de Cristo al usar esta palabra es la de subrayar de manera muy sobresaliente la condición que tiene un hombre cuando le oye y no le obedece. Literalmente ha perdido la cabeza y por eso es un tonto o un estúpido. Oír y no hacer es sumamente peligroso para la vida de cualquier persona.

A. Como una casa cimentada sobre arena

Solo una persona tonta puede hacer una cosa así. Solo alguien que no razona bien puede construir una casa sobre la arena. Es algo totalmente absurdo y hasta irracional. Así de grave es quien oye el Sermón de la montaña y no le presta atención para ponerlo por obra en su vida.

Es una locura escuchar a Jesús y no obedecerle. Quien no le ha oído tiene cierta disculpa, aunque no responsabilidad, pero alguien que ha oído el mensaje de salvación y no lo atiende está en graves aprietos.

B. Trae una gran ruina

La palabra griega para “ruina” es “ptosis” y se usa únicamente dos veces en el Antiguo Testamento y se traduce también como “caída”. Una casa construida sobre la arena tiene una caída estrepitosa. No hay ruina más grande en la vida que perder la nuestra casa.

El insensato, tonto o sin cerebro perderá estruendosamente su casa por oír y no obedecer al Señor.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: