Los enemigos de la palabra de Dios

Dice la Biblia en Salmos 119: 150

“Se acercaron a la maldad los que me persiguen; se alejaron de tu ley.”

La Nueva traducción viviente traduce este verso así: “Los que no respetan la ley vienen a atacarme; viven alejados de tus enseñanzas.” El verso que hoy meditamos expresa el conflicto que viven los que desean aprender la Escritura: les brotarán enemigos que los perseguirán. Y lo harán porque viven alejados de la enseñanza de la palabra de Dios.

Ese fue el conflicto de José: un estudioso de la Escritura enfrentó la persecución de sus propios hermanos. Daniel fue arrojado al foso de los leones por sus detractores que lo acusaron de vivir piadosamente orando. Jeremías, el profeta sufrió en carne propia la persecución de sus contemporáneos por proclamar al verdad de la palabra de Dios.

El estudio y meditación de la palabra de Dios tiene generalmente esa dificultad: atrae a adversarios que por vivir en la maldad o practicar la maldad se sienten ofendidos e injuriados y se van en contra de todo aquel que se dedica con ánimo y entusiasmo a estudiar la Biblia.

Una persona que se dedica al estudio y meditación de la Escritura debe estar consciente de que será atacado. A su vida llegarán toda clase de adversarios que buscarán por todos los medios dañarlo moral o materialmente. Esa es una realidad que no debemos perder de vista para estar siempre alertas.

Es un conflicto hasta cierto punto natural porque es la lucha entre el bien y el mal que siempre ha existido y que siempre existirá. Reflexionar en la palabra de Dios es hacer el bien y a eso siempre se opondrá el enemigo antiguo del Señor: el maligno que utilizará a algunos para desalentar a quienes han decidido poner toda su atención en la revelación escrita.

El salmista nos hace ver que no debemos perder el tiempo a la hora de saber por qué somos atacados: el estudio de la Escritura nos hace ganar enemigos gratuitos esa es una verdad que debemos tener siempre presente.

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