Introducción al capitulo 10 de Mateo (2o discurso de Cristo)

El segundo de los cinco discursos que registra el evangelio de Mateo va dirigido exclusivamente a la labor que han desempeñar los discípulos de Jesús como promotores del evangelio. El capítulo 10 de Mateo arrancó justamente con la elección de los 12 apóstoles por el Señor.

En este capítulo el Señor resume cómo han de salir, a qué han de salir y por qué han de salir sus seguidores y también están enunciadas o expuestas las circunstancias que han de vivir a la hora de proclamar las buenas nuevas con sus paisanos. El segundo discurso del Señor en Mateo apunta exclusivamente a la proclamación del evangelio.

Si el Sermón de la montaña se centra en las verdades esenciales del reino de los cielos, el capítulo 10 de Mateo enfoca únicamente a labor de alcanzar a los perdidos, a llevar el mensaje de salvación a todos aquellos que no lo conocen y a resaltar la necesidad de llevar las buenas nuevas con la actitud correcta.

Sobresale en este pasaje de la Escritura la hostilidad que recibirán los mensajeros. El rechazo a su mensaje por parte de las autoridades y poderosos del mundo. Los apóstoles deben saber y todos aquellos que son enviados a proclamar la palabra de Dios que han de sufrir persecuciones.

Es interesante notar que Cristo está advirtiendo a sus seguidores que al evangelizar al mundo sufrirán aflicciones ya no solo de quienes gobiernan el mundo, sino aún el conflicto llegará hasta sus hogares porque su propia familia se volverá en contra de ellos por haber abrazado la fe en Cristo.

El evangelio de Cristo debe ser anunciado, pero al anunciarlo no debemos esperar que sea aceptado por todos. Algunos lo recibirán con alegría y transformará su existencia, pero otros no solo lo rechazarán sino que se volverán contra quien o quienes propagan las enseñanzas de Jesús.

Este conflicto no debe sorprender a nadie, ni nadie puede decirse defraudado con la fe sometida a prueba porque el autor y consumador de la fe que es Cristo Jesús fue perseguido, odiado y finalmente sacrificado de manera cruel y violenta en la cruz del calvario y sus seguidores jamás pueden esperar un trato distinto de desprecio.

En medio de ese hostigamiento, Jesús les promete a sus enviados que el Espíritu Santo los auxiliará de manera sobrenatural para saber con exactitud que responder o que contestar a los oponentes que se les planten enfrente exigiéndoles u obligándoles a dejar de hacer el trabajo misionero.

El trabajo o la labor que se emprenda por la evangelización de los pecadores tendrá un costo que es necesario o será necesario pagar. Un costo elevado porque habrá de confrontarnos hasta con nuestra propia familia.

Es de agradecer este gesto de Jesús al advertirnos lo que ocurrirá cuando hagamos labor de evangelismo. Cristo está previniéndonos con exactitud de lo que ha de ocurrir a la hora de hacer el bien por los demás. Nadie debe sentirse frustrado porque Cristo está diciéndonos lo que ha de ocurrir.

Entendemos, entonces, que el evangelismo es un conflicto al predicarlo. Un conflicto que nos puede llevar a extremos renegar de nuestra fe. Por eso Cristo de manera categórica nos dice que al que le niegue delante de los hombres el también le negará delante de su Padre que está en los cielos.

Cristo está quitándole todo lo romántico que para muchos resulta predicar la palabra de Dios. Cristo está confirmando el carácter desestabilizador del evangelio en el reino de la tinieblas que responderá con ataques a la vida de los predicadores del evangelio con tal rudeza que los hará tambalearse.

Justamente para generarles toda la confianza es en este pasaje donde Cristo dice: “Pues aún vuestro cabellos están contados.” Para recordarnos que en medio del conflicto estamos protegidos de una manera sobrenatural por su divina presencia y que cuida de nosotros cuando nosotros pensamos que nos ha abandonado.

Mateo 10 es pues un llamado a evangelizar, una convocatoria para lanzarse al mundo a anunciar las buenas nuevas, conscientes de los riesgo que esto implica, pero seguros y confiados que Él nos prometió que estaría con nosotros hasta el fin del mundo.

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