Introducción al Salmo 100

Dice la Biblia en el salmo 100

1 Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra.  Servid a Jehová con alegría;
venid ante su presencia con regocijo.  Reconoced que Jehová es Dios;Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos;pueblo suyo somos, y ovejas de su prado.  Entrad por sus puertas con acción de gracias,por sus atrios con alabanza;alabadle, bendecid su nombre.  Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia,y su verdad por todas las generaciones.

Un llamado a la gratitud jubilosa

Los judíos dicen que este salmo se leía justamente después que una persona había pasado por una situación de peligro de muerte y debía ofrecer una ofrenda de agradecimiento, todá. De hecho el título que tiene este salmo en el tehilim hebreo es precisamente “salmo de gracias.”

En ese texto solo aparece en una ocasión la expresión “alegría” y no tres veces como en la versión Reina Valera 1960 que dice: “Cantad alegres a Dios habitantes de toda la tierra. Servid a Jehová con alegría, venid ante su presencia con regocijo.” En el texto hebreo estos versos están así:

“Salmo de gracias”, que aclame al Eterno toda la tierra. Servid al Eterno con alegría. Venid a su presencia con canciones.” La palabra que aparece en dos ocasiones es la expresión hebrea “todá” que se traduce como gratitud o acciones de gracias, por eso los israelitas lo consideran un salmo de gratitud más que de regocijo.

Sin embargo eso no implica que en la gratitud no entre la alegría o el gozo y regocijo no tenga cabida. Al contrario es un elemento importantísimo porque la gratitud con alegría se convierte en un hecho que agrada a Dios sobremanera.

La alegría debía conectarse de inmediato con la gratitud. Simja (alegría) y todá (gratitud o acción de gracias) están muy ligadas en este salmo.

Este salmo era cantado durante este servicio que relata el libro de Levítico 7: 12-15. A lo largo de su vida, toda persona atraviesa diversos peligros potenciales, peligros de los cuales a veces ni siquiera se da cuenta. Por todos ellos está obligado a agradecer. El salmo 100 nos convoca a vivir en santa alegría que nos haga seres agradecidos.

Cito aquí el comentario de Rashí que dice:

La ofrenda de agradecimiento quiere decir si a causa de un sentimiento de agradecimiento por un milagro –es decir, el haberse librado de una situación altamente peligrosa— que le haya ocurrido al individuo que la ofrece. Esto se aplica por ejemplo a los que viajan por mar.

A los que atravesaron el desierto, a los que estuvieron  encerrados en una prisión y fueron liberados y a un enfermo que se curó, los cuales necesitan agradecer a Dios por haberse librado del peligro, pues con respecto a ellos está escrito: Agradezcan a Eterno por su bondad y sus prodigios para los seres humanos. Salmos 107: 8.

Este es un salmo de alegría. La palabra “besimjá” procede de la raíz hebrea simjá y una definición sencilla y simple es justamente alegría. La alegría es un estado de ánimo que surge de eventos o sucesos que le suceden a las personas como ganar dinero, que nazca un hijo o hija o que nuestros vástagos, pero también es un estado de la mente que se puede desarrollar.

El salmo 100 tiene la virtud de centrar nuestra atención en dos aspectos fundamentales de la vida espiritual: la gratitud y la alegría. La alegría que nace del hecho de reconocerse como creatura de Dios y también como rebaño suyo y la gratitud por estar ciertos que Dios nos cuida y nos guarda aún cuando no nos damos cuenta de eso.

El salmo es un llamado a la gratitud jubilosa. El libro de Levítico tiene entre todos los sacrificios que los hebreos tenían que presentar un específicamente relacionado con este tema. Había sacrificios por el pecado y la maldad, pero había uno relacionado con la gratitud a Dios.

El creyente del Antiguo Testamento se reconoce por dos actitudes o dos virtudes que cultiva con dedicación y empeño: 1. La gratitud y 2. La alegría. La gratitud es el principio que debe regir nuestra relación con Dios. De hecho desde Caín y Abel ser agradecido con Dios formó parte de los sacrificios que a Dios agradaban.

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