El regreso de Cristo nos obliga a esforzarnos

Dice la Biblia en 2ª Pedro 3: 14 “Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz.”

La espera del regreso de Cristo impone esfuerzo y empeño a los cristianos. Ese esfuerzo o dedicación se traduce en una vida de integridad para conducirse con respeto a Dios de tal forma que su vida sea una vida sin maldad, iniquidad o que lo que hagan sea en rectitud que no tengan de que avergonzarse.

De esa manera cuando el Señor retorne ellos estará listos o preparados para recibirlo jubilosamente porque vivieron dándole honor y reconociéndolo siempre en cada una de las actividades que emprendían. El regreso de Cristo demanda una preparación. No se vale ni la improvisación ni la santidad de último momento.

Pedro le escribe a la cristiandad del primer siglo y por extensión a los creyentes de todos los tiempos para recordarles que Cristo ha de volver. Es un hecho indudable. Ningún creyente puede ir por la vida sin saber está gran verdad. Y como consecuencia de esta doctrina el corazón de todos debe alistarse.

En su segunda carta el apóstol dedica una parte muy importante a esta enseñanza para hacer patente la necesidad de mantener alerta a la iglesia. Que la iglesia no se duerma ni desmaye para descuidar el retorno de nuestro bendito Salvador, quien viene con brazo fuerte y poderoso.

La doctrina de la segunda venida del Señor debe permanecer latente siempre. Debe servir para inspirarnos a vivir cada día más para el Señor y de ningún modo debe servir para llenarnos de miedo o llenarnos de zozobra porque Él quiere que lo esperemos como un hijo espera a su padre que viene con regalos para su vida.

A la luz de lo que habremos de recibir cuando Él retorne, lo que nos pida hacer será menor. Jamás lograremos pagar su redención con nada. Eso es indiscutible. Así lo que nos demande hacer siempre será poco ante lo que nos habrá de dar.

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