Nicodemo: La necesidad de una fe que produzca vida y no una religión

Dice la Biblia en Juan 3: 1

Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos.

La popularidad de Jesús crecía día a día. Las bodas de Caná de Galilea habían sido la primer señal de su inobjetable divinidad. Su fama se acrecentó día a día, semana a semana y nadie podía detenerla. Primero entre el pueblo, la gente a pie, luego con los pecadores y publicanos para finalmente llegar a la cúpula del poder judío: sacerdotes, escribas y fariseos.

En el Sanedrín judío pronto se comenzó a discutir sobre la obra y persona de Jesucristo. Anás y Caifás dominaban las discusiones. Rápidamente el consejo gobernante de los judíos se decantó o resolvió condenar a Jesús.

Jamás lo aceptarían como el Mesías por varias razones: convivía con pecadores, traía de discípulos a unos desarrapados, quebrantaba la ley sanando enfermos en día de reposo, pero sobre todo porque se hacía llamar el Hijo de Dios, una blasfemia para ellos, y luego era, según ellos galileo.

Sin embargo, no todos compartían ese posicionamiento o esa determinación. Nicodemo, un importante integrante del Sanedrín tenía más dudas que certezas que no lo dejaron en paz nunca. Desde que supo y conoció las enseñanzas de Jesús supo que estaba ante un verdadero maestro. Un conocedor magistral de la Torá. Si era el Mesías no lo tenía claro.

Que Jesús era maestro se convirtió rápidamente en una certeza en la vida de Nicodemo por eso lo buscó de noche y se lo hizo saber, pero en el fondo Nicodemo quería saber más de este singular personaje que mediante sus enseñanzas y milagros revolucionó la fe de los hebreos, lo que los fariseos y escribas, sacerdotes e intérpretes de la ley no pudieron hacer.

Jesús enseñaba con autoridad y solvencia moral. Los maestros de la ley no podía llegar a ese nivel. Jesús explicaba la Torá con ejemplos sencillos para que entendieran desde los más avezados estudiantes de la ley hebrea hasta los más ignorantes del vulgo. Hacía tan fácil la explicación de las profundas verdades de la Escritura que Nicodemo quedó conmocionado.

Al buscarlo de noche, este personaje que solo se menciona en el evangelio de Juan, mostraba una cautela propia de un hombre que tenía dudas sobre quien era Jesús, pero se animó a buscarlo frente a la presión que ya el Sanedrín ejercía sobre sus integrantes y sobre todo el pueblo de Israel.

Nicodemo era, además de un fariseo integrante del Sanedrín, un hebreo rico. Era un serio practicante de la riguroso fariseísmo y además propietarios de una riqueza envidiable para muchos. Por encima de él sólo había un hombre: el sumo sacerdote, todos los demás en la escala social estaban por debajo de él.

¿Por qué Nicodemo buscó a Jesús? Porque necesitaba respuestas. Porque la fe que tenía le fue insuficiente. Porque estaba insatisfecho con lo que había aprendido desde niño. Necesitaba renovar su fe en el Dios de Abraham, Isaac y Jacob y Jesús era la opción.

Nicodemo: La necesidad de una fe que produzca vida y no una religión

  1. Para entrar al reino de los cielos
  2. Para defender nuestra fe
  3. Para poner nuestros recursos al servicio del Señor

Síntesis

Nicodemo fue un discípulo secreto de Jesús. Como José de Arimatea, creyó en Jesús. Su posición social hacia difícil una fe abierta sobre Cristo. Su situación o su conflicto interno ante Jesús, llevó a Cristo a ofrecer una de las más significativas explicaciones sobre la vida espiritual.

A este temeroso e insatisfecho fariseo Jesús le dirigió o le mostró una de las enseñanzas fundamentales del cristianismo: el nuevo nacimiento. Una doctrina que para Nicodemo resultó compleja: ¿cómo puede ser esto? Preguntó confundido. Y el Señor le llevó paso a paso a comprender que la fe es más que un cuerpo de mandamientos.

La fe se había convertido en texto inerte que en lugar de dar vida lo único que hacía era imposibilitar el acceso a Dios. La fe de Abraham o su emuná como le llaman los judíos había dejado de vibrar entre los hebreos y había dado lugar a doctrinas y mandamientos de hombres que lo único que hacían era agradar a sus promotores, pero no a Dios.

Si Cristo le habló a Nicodemo del nuevo nacimiento de manera directa fue precisamente porque la única manera de hacerle ver que el fariseísmo era una formulación humana de las verdades divinas que no podían dar vida y era indispensable volver a nacer: para ello se requería como requisito indispensable creer en Cristo.

El ejemplo que usó Cristo para comprender qué clase de fe o como quería que creyeran en Cristo fue con la serpiente de bronce en el desierto. Allí para vivir tenían que mirar a la serpiente. Y así para vivir había que mirar siempre a Cristo. Hermosa enseñanza de fe y esperanza de Cristo para Nicodemo y para todos nosotros.

  1. Para entrar al reino de los cielos

Las primeras palabras que Jesús le dirige a Nicodemo es la necesidad de nacer de nuevo para ver el reino de Dios. El reino de los cielos o el reino de Dios se usa indistintamente en el Nuevo Testamento. Para los judíos el reino de Dios era el reino de su Mesías. Ellos esperaban ese evento con mucha desesperación.

Por eso fueron las primeras palabras que dirigió a Nicodemo porque sabía del interés que despertaba en este hombre ese tema. El reino de Dios tenía y tiene un requisito para quienes quieren ingresar. Se necesita una nueva vida que solo Dios puede dar. A su vez esa nueva vida ofrecía a quien nacía de nuevo una fe renovada.

El reino de Dios demanda hombres y mujeres que han nacido de nuevo. Hombre con una fe que produce vida. Que les da una existencia completamente diferente a la que produce una fe costumbrista o una religión. Y ese justamente era el problema de este hombre. Tenía una religión no una fe verdadera.

La religión produce gente insatisfecha. Una relación con Cristo produce vida en quien asume una fe genuina en su nombre. Y Nicodemo quería experimentar esta clase de vida. Él, como muchos, quería una fe capaz de hacer menos tediosos los requerimientos de Dios. Una fe que entusiasmará seguir a Cristo.

Pero sobre todo una fe que garantizará el acceso al reino de los cielos. Nicodemo espera el reino de Dios y en consecuencia espera al Mesías era indivisible esta verdad y cuando buscó a Cristo recibió los requisitos que se debían tener que por cierto eran requisitos sencillos y nada complejos.

2. Para defender nuestra fe

Una fe que produzca vida y no una religión hace que defendamos lo que creemos. En el evangelio de Juan encontramos un segundo pasaje donde parece el nombre de Nicodemo. En Juan 7: 25-31 encontramos:

45 Los alguaciles vinieron a los principales sacerdotes y a los fariseos; y éstos les dijeron: ¿Por qué no le habéis traído? 46 Los alguaciles respondieron: !!Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre! 47 Entonces los fariseos les respondieron: ¿También vosotros habéis sido engañados? 48 ¿Acaso ha creído en él alguno de los gobernantes, o de los fariseos? 

49 Mas esta gente que no sabe la ley, maldita es. 50 Les dijo Nicodemo, el que vino a él de noche, el cual era uno de ellos: 51 ¿Juzga acaso nuestra ley a un hombre si primero no le oye, y sabe lo que ha hecho? 52 Respondieron y le dijeron: ¿Eres tú también galileo? Escudriña y ve que de Galilea nunca se ha levantado profeta.

Tal vez tímidamente, pero Nicodemo ofreció la primera prueba de que las palabras del nuevo nacimiento habían calado hondo en su corazón. Sabía perfectamente que los alguaciles no se habían equivocado. Nadie hablaba como Cristo. El mismo lo había comprobado esa noche que lo buscó.

Había encontrado en las palabras de Cristo una paz inmensa que no podía ser sino la confirmación de que Jesús era justamente lo que decía y por eso decidió defenderlo ante las acusaciones injustas que se cernían sobre Él por parte de los fariseos y sacerdotes, así como del Sanedrín.

Una vez nacidos de nuevo o con una fe que produce vida defender nuestra fe será algo tan normal que no importa a quien tengamos que enfrentar. Las groserías que recibió ya no importaron. Había nacido de nuevo y era necesario defender la fe que profesaba.

3. Para poner nuestros recursos al servicio del Señor

Juan ubica a Nicodemo de nueva cuenta cuando todos sus discípulos han huido y se necesita poner su cuerpo en una tumba. Juan 19: 38-42 dice:

38 Después de todo esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos, rogó a Pilato que le permitiese llevarse el cuerpo de Jesús; y Pilato se lo concedió. Entonces vino, y se llevó el cuerpo de Jesús. 39 También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras. 

40 Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en lienzos con especias aromáticas, según es costumbre sepultar entre los judíos. 41 Y en el lugar donde había sido crucificado, había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aún no había sido puesto ninguno. 42 Allí, pues, por causa de la preparación de la pascua de los judíos, y porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús.

Nicodemo fue con José de Arimatea para enterrar el cuerpo de Jesús. José de Arimatea puso el sepulcro y Nicodemo las especias con las que había de embalsamarse el cuerpo de Cristo. La aportación de Nicodemo no fue menor. Fueron 100 libras unos 50 kilos de mirra y áloes, un compuesto muy costoso.

Una fe que produce vida ofrece sus recursos y los pone al servicio del Señor. Nicodemo finalmente comprendió que Cristo fue lo que dijo y le entregó lo más importante que puede haber en la vida de una persona sus recursos materiales.

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