El escarnecedor

Dice la Biblia en Proverbios 9: 8

“No reprendas al escarnecedor, para que no te aborrezca…”.

El escarnecedor es todo un personaje. La palabra hebrea que lo designa procede de la raíz “luts” y se utiliza unas 27 veces en el Antiguo Testamento para calificar a una persona como alguien que “desprecia”, “se burla”, “ridiculiza” y “menosprecia”. El escarnecedor es una persona que va por la vida burlándose de Dios y en consecuencia de todos.

El autor de los proverbios quiere ponernos en alerta ante esta clase de personas. En primer lugar hay que ubicarlos. Ubicarlos bien. Tenemos la ventaja que esta clase de personas no se cuidan de ser tal cual son. Por supuesto que hay algunos casos donde cuesta un poquito de trabajo reconocerlos, pero generalmente el escarnecedor es tal cual.

Una vez detectado, Salomón dice que debemos abstenernos de reprenderlo, es decir corregirlo. Esta clase de personas no aceptan exhortación alguna, rechaza cualquier llamado de atención porque han perdido toda sensibilidad. Son esa clase de personas cuya conciencia ha quedado cauterizada, es decir insensible.

Es verdad que sus hechos merecen nuestra repulsa. Son actos que atentan contra el sentido común y a veces es difícil soportarlo y casi, casi, por instinto les llamamos la atención, pero nos debemos de abstener porque las consecuencias pueden ser lamentables o desagradables.

Lo único que obtendremos de los escarnecedores es odio. Sí porque además de ser burlones y despreciativos, ellos son odiadores y aborrecedores. Esa es otra de sus especialidades. Por lo que no tiene ningún caso llamarles la atención o decirles que su conducta es equivocada. Lo mejor que podemos hacer es ignorarlos.

Es posible que cuando usted lea o escuche este devocional tenga tras sí muchos escarnecedores sobre usted. Pierda cuidado. Ignorelos. Es la única manera en que se apaciguarán. Debatir con ellos o contestarles no tendrá ningún resultado.

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