Salmos 100: Un llamado a la gratitud jubilosa

Salmo de alabanza (gracias).
Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra.

Un llamado a la gratitud con jubilosa

El salmo que hoy comenzamos a estudiar es un salmo que nos llama, convoca, exhorta a ser agradecidos con Dios. Colocado justamente al inicio de la tercera parte de los 150 salmos este cántico nos conduce por la senda que todo ser humano debe aprender: la gratitud con su Creador.

I. A toda la tierra

El salmo 100 comienza con un título que sugiere su propósito u objetivo: la gratitud, el agradecimiento o la práctica de la acción de gracias. El título de esta plegaria es “Salmo de gracias” y el primer verso es una especie de llamado no solo al pueblo de Israel, sino a todo el mundo.

El verso uno dice así en nuestra versión Reina Valera 1960 “Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra.” En la versión hebrea el texto dice así: Salmo de gracias. Que aclame al Eterno toda la tierra.” La palabra “gracias” que usa el hebreo procede de la raíz “todá”.

La versión Reina Valera traduce como “alabanza” la expresión “todá” porque la gratitud a Dios es una forma de alabanza al Creador, sin embargo la expresión “todá” tiene implicaciones profundas porque esa actitud revela mucho de lo que hay en el corazón de las personas.

El hecho de que el salmo tenga una inscripción es muy significativa para los lectores hebreos. Porque designa indudablemente el fin o el objetivo con el cual se escribió dicha pieza que serviría lo mismo para rezar que para cantar. Este salmo debía utilizarse para agradecer.

“Todá” significa extensión de la mano (ya sea en señal de agradecer o de dar) aprobación, adoración, esplendor y agradecimiento. En el Antiguo Testamento se utiliza unas 32 ocasiones para referirse a la actitud que Dios espera de todos los seres humanos, pero particularmente de sus hijos.

En las primeras líneas de este cántico encontramos un aspecto muy interesante: es una convocatoria para que la humanidad entera “aclame al Eterno”. La expresión “toda la tierra”, es una figura literaria para referirse a los habitantes de este mundo. Se espera que los que moran bajo el cielo se acerquen a Dios con gratitud.

Con esas palabras podemos descubrir varias verdades: 1. Dios espera que todas las personas puedan tener la sensibilidad de agradecer a su Creador. 2. La gratitud no es un asunto particular del pueblo hebreo. 3. Agradecer es un hábito que se aprende.

La pregunta que surgiría aquí es porque Dios espera que los hombres le agradezcan. La respuesta es sencilla. Todos ellos, incluido, por supuesto, su pueblo reciben sus beneficios según leemos en el evangelio de Mateo 5: 45 que dice así: “para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos”.

Esta misma idea la encontramos en Hechos 17: 24-25 que dice: 24 “El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas,  25 ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas.”

El mundo entero debería estar agradecido con Dios por todas sus bondades, por todas sus misericordias. Pero es evidente que esto no es así. Los seres humanos en su conjunto no han sabido ser agradecidos con Dios. No han sabido retribuirle por todos sus beneficios, sino que son ingratos.

De allí comprendemos que la gratitud es un acto o un acción que no es algo que podamos encontrar cotidianamente porque los hombres nacen sin esa virtud. Llegamos al mundo huérfanos de ese valor. Más bien arribamos ingratos y de no ser enseñados o educados así permanecemos.

Cristo vivió en carne propia esta falta de acción de gracias durante su ministerio. En Lucas 17: 11-19 encontramos el relato de los diez leprosos limpiados expresa esta triste verdad entre los seres humanos.

La ingratitud humana es un mal que se deriva de Adán. El primer pecado del hombre -la fuente de toda la maldad en él- se originó en su negativa a reconocer lo bueno con lo que Dios le había bendecido.

Si no hubiese dado por sentado todo el bien infinito con que Dios lo bendijo, nunca hubiese comido del árbol del Conocimiento que tenía prohibido. Teniendo sentimiento de gratitud le hubiera sido imposible contradecir la voluntad de Dios.

El salmo 100 nos recuerda esta verdad. Nos recuerda que Dios sigue esperando que los hombres miren al cielo y descubran que todo tiene su origen en Dios y que como mínimo acto deben agradecerle todas sus bondades.

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