Matrimonio al servicio de Dios

Dice la Biblia en 1 Timoteo 3: 2

“…marido de una sola mujer…”.

El estado civil de las personas es de suma importancia para la Escritura. Para los solteros hay prescripciones, para las viudas también y evidentemente de igual forma para los matrimonios. El apóstol Pablo escribió sobre los requisitos para los encargados de la iglesia y estableció como algo indispensable que fueran marido de una sola mujer.

Este requisito ha suscitado una serie de preguntas: ¿Se refería a que no fuera divorciado?, ¿buscaban hombres con una vida matrimonial equilibrada?, ¿el ministerio quedaba cerrado para los divorciados?, ¿quedaba restringido que los ministros tuvieran a la vez dos esposas?, ¿cuál era la finalidad de este requisito?

La vida matrimonial para el obispo o pastor quedaba como un necesidad inherente a su cargo. Su trabajo pastoral era tan sagrado que su relación de pareja serviría infinitamente para apoyarlo en las actividades propias de su encargo y de allí su importancia. El matrimonio le resulta muy útil a esta labor.

No hay que perder de vista que esta carta se escribe a Timoteo mientras está ministrando en la ciudad de Éfeso, una ciudad donde la inmoralidad sexual era aceptada como parte de la cultura, máxime cuando estaba asociada con la adoración a la deidad llamada Diana que tenía sacerdotisas que ofrecían sus servicios en su templo.

El matrimonio, entonces, serviría para amortiguar cualquier tentación, pero también sería muy útil para atender con dedicación la iglesia de Cristo. La vida matrimonial nunca será un estorbo para servir a Dios, por el contrario es un instrumento sumamente importante a la hora de trabajar en la viña del Señor.

Algunos piensan que este requisito es una afirmación de la monogamia frente a la poligamia, pero en realidad la intención de Pablo al establecerlo como requisito para los hombres que se dedicarían a servir a la iglesia era subrayar la importancia de dicha institución.

El matrimonio es una relación de tal naturaleza que se requiere a la hora de poner la vida al servicio del Señor. Nunca será un estorbo o un impedimento, sino un instrumento muy útil para hacer la voluntad de Dios.

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