Judas Iscariote: La ambición material que destruye el alma

Dice la Biblia en Mateo 10: 4

Simón el cananista, y Judas Iscariote, el que también le entregó.

Introducción

Ningún otro personaje como Judas Iscariote concita e incita tanta animadversión. Judas es el traidor por antonomasia, es decir el solo hecho de mencionar su nombre nos evoca al traidor, a los traidores. Cada pascua su nombre se convierte en una advertencia y en un llamado de atención para todos los seguidores de Cristo.

Es la historia de uno de los más estrepitosos fracasos. Y en el cristianismo el fracaso es sinónimo de descomposición, de derrota, un hecho que resulta difícil de comprender puesto que tenemos a Cristo, El Vencedor. Por eso es que la historia de Judas es siempre indispensable de conocer, de estudiar, de repasar.

Judas nos recuerda la importancia de revisar siempre nuestras motivaciones, de analizar lo que hacemos y por qué lo hacemos, pero por encima de todo ellos, revisar seriamente nuestras pretensiones a la hora de seguir a Cristo. Judas será siempre el gran ejemplo a no seguir.

Y su presencia en los evangelios está allí para recordarnos que nuestro compromiso con Cristo debe estar sobre todo. Que nada ni nadie debe anteponerse entre el Maestro y nosotros y que a la hora de decidir entre Él y cualquier otra cosa la mejor opción y la única siempre será Cristo.

Judas Iscariote: La ambición material que destruye el alma

  1. A pesar de conocer a Cristo
  2. Conduce al robo
  3. Abre la puerta al diablo
  4. Provoca traicionar a los amigos
  5. Mata al ambicioso

Judas nos ofrece un panorama amplio sobre la incompatibilidad de la fe con la ambición material. El dinero fácil a costa del sufrimiento de los demás nunca será bendecido por Dios. Atraerá destrucción, dolor y calamidad a quien tratando de enriquecerse lo haga traicionándose así mismo o traicionando a los demás.

Estudiar a este personaje nos conduce por esa parte oscura de los seres humanos: la ambición desmedida, la avidez por el dinero, el apetito por lo material, la codicia por los tesoros terrenales para repetirnos que esa clase de personas se dirigen de manera directa a su propia destrucción.

Sólo que en el caso de Judas, la historia resulta patética debido a que tuvo como maestro al hombre más manso y humilde que ha pisado esta tierra. Un hombre de bien que lo puso como tesorero de los 12 tratando de redimirlo de sus ansias, deseos y afanes por los bienes materiales, pero que no lo logró por la poca ayuda que prestó Judas para sanarse.

  1. A pesar de conocer a Cristo

Judas fue escogido por Cristo como discípulo suyo. Los evangelios que fueron escritos muchos después de la muerte y resurrección de Cristo dan cuenta de su nombre siempre al final de las tres de las cuatro listas que se dan. Mateo, Marcos y Lucas lo mencionan siempre al final, como queriendo que su historia no hubiese ocurrido entre ellos.

Siempre es señalado por sus compañeros de andanzas con Cristo como un traidor, entregador y transgresor. Quizá Juan es de los discípulos que fue más duro o que es más duro con Judas. Lo señala como un ladrón que se ocultaba en la necesidad de los pobres para sacar más dinero.

Pero lo cierto es que Judas fue un apóstol y un discípulo que vio los milagros de Jesús. Que oyó absolutamente todos sus sermones. Oyó las bienaventuranzas, escuchó los requisitos para ser un seguidor de Cristo, vio las tremendas sanidades que Cristo operó, pero que fueron incapaces de corregir su inclinación hacia lo material.

Por supuesto que no falló ni Cristo ni su enseñanza, falló el hombre que no quiso darle todo al Señor y quiso mantener en su corazón la falta de generosidad que era la lucha de Cristo frente a todos aquellos que habían convertido al dinero en un dios y que no tenían empachó en usar el templo y sus sacrificios en un medio para obtener estipendios.

2. Conduce al robo

Juan 12: 4-6 hace este relato que retrata perfectamente a una persona ambiciosa, que solo piensa en sí misma y no en las demás y que nos permite conocer mejor la situación de Judas durante el ministerio de Cristo:

Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote hijo de Simón, el que le había de entregar: ¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres? Pero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella.

La sed por lo material llevó a Judas a robar. Cristo mismo lo había hecho su tesorero. Pudo haber puesto en ese lugar a Mateo, un contador versado en toda clase de cuentas. Su experiencia como recolector de impuestos para Roma era su mejor carta de presentación, pero optó por Judas.

Es muy probable que antes de conocer a Cristo, Judas haya tenido terribles dificultades con el dinero. Cristo lo puso allí justamente para sanar de ese mal, pero en lugar de buscar ayuda en Cristo optó por continuar con ese deseo insano de tener y tener y eso lo llevó a robar lo que se depositaba en la tesorería de los doce.

Y así sucede con las personas que son ambiciosas, terminan robando y obteniendo ganancias ilícitas con tal de sentirse poseedoras de bienes aún cuando solo les llenen momentáneamente su vacío corazón. Tarde o temprano volverán a sentir deseo de poseer algo más y si no tienen dinero lo que harán será robar.

3. Abre la puerta al diablo

El problema de la ambición desmedida es que nada llena. Cada día se quiere más y a pesar de que las necesidades primarias están resueltas desde hace muchos tiempo hacen como si no tuvieran nada y siguen queriendo más y más.

Eso le sucedió a Judas. Ya no le fue suficiente lo que obtenía de esa bolsa y entonces buscó a los sacerdotes para entregar a Jesús y el precio pactado con ellos fueron 30 monedas de plata, el precio que en esos días se pagaba por un esclavo. Judas vendió a su Maestro como un siervo. Ese fue el valor que le dio a quien era la Vida.

Lucas nos ofrece los pormenores de esa decisión en su evangelio 22: 3-6

Y entró Satanás en Judas, por sobrenombre Iscariote, el cual era uno del número de los doce; y éste fue y habló con los principales sacerdotes, y con los jefes de la guardia, de cómo se lo entregaría. Ellos se alegraron, y convinieron en darle dinero. Y él se comprometió, y buscaba una oportunidad para entregárselo a espaldas del pueblo.

Judas abrió la puerta de su corazón al maligno. Dejó a su Señor y como consecuencia vino el maligno quien lo tomó y lo llevó a renegar de la fe, lo condujo a abandonar sus convicciones. El dinero tomó el lugar de Cristo y entonces lo llevó a olvidarse de quien era Jesús.

Sobre esta triste historia de Judas, Juan 13: 2 nos dice lo siguiente: “Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón que le entregase.”

Y Juan 13: 21-30 prosigue:

21 Habiendo dicho Jesús esto, se conmovió en espíritu, y declaró y dijo: De cierto, de cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar. 22 Entonces los discípulos se miraban unos a otros, dudando de quién hablaba. 23 Y uno de sus discípulos, al cual Jesús amaba, estaba recostado al lado de Jesús.

24 A éste, pues, hizo señas Simón Pedro, para que preguntase quién era aquel de quien hablaba. 25 El entonces, recostado cerca del pecho de Jesús, le dijo: Señor, ¿quién es?

26 Respondió Jesús: A quien yo diere el pan mojado, aquél es. Y mojando el pan, lo dio a Judas Iscariote hijo de Simón. 27 Y después del bocado, Satanás entró en él. Entonces Jesús le dijo: Lo que vas a hacer, hazlo más pronto.

28 Pero ninguno de los que estaban a la mesa entendió por qué le dijo esto. 29 Porque algunos pensaban, puesto que Judas tenía la bolsa, que Jesús le decía: Compra lo que necesitamos para la fiesta; o que diese algo a los pobres. 30 Cuando él, pues, hubo tomado el bocado, luego salió; y era ya de noche.

4. Provoca traicionar a los amigos

Una persona con ambición desmedida solo tiene un amigo: el dinero. Y cuando se dice amigo de alguien o algún ingenuo piensa que es su amigo, la realidad lo devolverá a su triste condición porque será traicionado. Judas traicionó a Jesús y de que manera. Con un beso en la mejilla.

Mateo 26: 47-50 dice así:

47 Mientras todavía hablaba, vino Judas, uno de los doce, y con él mucha gente con espadas y palos, de parte de los principales sacerdotes y de los ancianos del pueblo. 48 Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo besare, ése es; prendedle.

49 Y en seguida se acercó a Jesús y dijo: !!Salve, Maestro! Y le besó. 50 Y Jesús le dijo: Amigo, ¿a qué vienes? Entonces se acercaron y echaron mano a Jesús, y le prendieron.

Judas había perdido ya toda sensibilidad. En su mente solo existían las 30 monedas de plata que le habían dado los sacerdotes del templo. Jesús lo consideró su amigo hasta el último momento. Nunca dejó de verlo como un ser con necesidades muy profundas que requerían mucha atención.

Pero a esas alturas Judas ya había perdido todo temor divino, había quedado dominado absolutamente por su ambición.

5. Mata al ambicioso

Judas tuvo el final que nunca pensó. El creía que el dinero lo haría inmensamente feliz, pero eso no ocurrió. Como muchas cosas en la vida solo fue un espejismo que lo llevó por senda equivocada.

Mateo 27: 3-5 da cuenta de lo sucedido a Judas:

Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos,

diciendo: Yo he pecado entregando sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? !!Allá tú! Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó.

Así terminaron los días de este personajes que cada año se le recuerda como el gran traidor. Hoy hemos aprendido que la ambición lo llevó a destruir su honorabilidad y su propia vida.

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