La palabra de Dios es eterna

Dice la Biblia en Salmos 119: 152

“Hace ya mucho que he entendido tus testimonios, que para siempre los has establecido.”

Como ningún otro libro, la Biblia tiene la virtud de ser una obra eterna. Al adentrarnos en sus páginas estamos ensayando la eternidad. Sus principios y enseñanzas tienen como referencia siempre un plan nacido mucho antes de la creación de este mundo y todas las cosas que en él hay.

El salmista ha descubierto esta realidad o esta verdad y su corazón se estruja ante la clase de libro que es la Biblia. Ninguno de los millones libros que hay en el mundo puede reclamar semejante condición. En cada uno de los libros que integran el gran libro de libros se desprende por doquier esta verdad.

Atendiendo esta experiencia podemos entender muchas cosas al tomar la Escritura en nuestras manos y meditar en ella. Estamos ante un libro que nos recuerda que fuimos diseñados por Dios para compartir con él la eternidad o si se quiere que fuimos creados con capacidad para vivir eternamente.

Nosotros decidimos si esa eternidad la vivimos con Cristo o no. Pero la palabra de Dios nos enseña y muestra la senda a seguir para disfrutar para siempre de la bendición de vivir con Cristo desde siempre y esa es la motivación para sumergirnos una y otra vez en la revelación escrita de Dios.

En un mundo efímero que hoy establece un estilo de vida y para la siguiente generación otra, siempre será favorable para los seres humanos asirse a principios y valores que no cambian, que siempre han estado y siempre estarán. Ese es el valor primordial de la palabra de Dios, se mantiene sin mudanza o sombra de variación.

Asirnos a ella nos conducirá siempre a lo eterno, a lo que permanece constantemente y evitará que caigamos en vanidades ilusorias que nos conducen irremediablemente a alejarnos de Dios.  Cristo sabía perfectamente esta verdad y por eso exclamó con firmeza: El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

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