La Escritura nos puede librar de la aflicción

Dice la Biblia en Salmos 119: 153

“Mira mi aflicción, y líbrame, porque de tu ley no me he olvidado.”

El dolor, sufrimiento, tribulación o las dificultades tienen la capacidad de someternos a una presión o estrés que de no saber manejarlos puede hacerle grave daño ya no solo a nuestro cuerpo, sino a nuestro ser interior debido a que nos provoca estados emocionales impredecibles.

El estudio y reflexión de la Escritura jamás serán garantía de que los problemas de toda clase desde escasez hasta enfermedad no se asomen en nuestra vida. Los problemas son inherentes a la existencia humana. Tal vez de manera resignada podemos decir que los seres humanos fuimos creados para recibir diferentes dosis de sufrimiento.

Algunos en menor grado que otros, pero todos atravesaremos esos tiempos que la Biblia llama “valle de sombra de muerte” o “el valle de lágrimas” en los cuales el dolor parece ser el único compañero. El estudio de la palabra de Dios nos da un argumento ante Dios: Líbrame porque no he olvidado de tu ley.

Mantener presente la Biblia en nuestras vidas nos da, además de fortaleza para enfrentar esos días aciagos en lo que preferiríamos no despertar siquiera, un tremendo y gran baluarte para dirigirnos a Dios: tenemos presente su palabra y a pesar de lo difícil de la situación seguimos confiando en ella.

La expresión “no me olvidado de tu ley” no significa de ningún modo que tengamos una Biblia en la casa o que la tengamos en nuestra mente únicamente, sino que la pongamos por obra diariamente. Ese será siempre la mejor razón para decirle a Dios que nos libre de la aflicción.

La palabra de Dios consuela en las dificultades, sostiene en medio del a prueba y reafirma siempre nuestra esperanza de una mejor vida cada que abrimos sus páginas. Nunca dejaremos de recibir de ella aliento para esos días en los que parece que todo está en nuestra contra.

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