El matrimonio: dejar, unir y ser

Dice la Biblia en Génesis 2: 24 “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.”

Cuando Dios estableció el matrimonio como la primera institución humana hace muchos siglos en el huerto del Edén dejó en claro tres principios o una tercia de recomendaciones para que la relación entre Adán y Eva, y en consecuencia de todas las parejas posteriores, funcionará cabalmente.

En el relato de la creación encontramos así estos tres pilares de la relación matrimonial: 1. El hombre (mujer y varón) deberán dejar a sus padres. Y 2. Ambos deberán unirse y 3. Serán una sola carne. Bajo este paraguas los matrimonios harían de su relación de pareja, sino un idilio permanente, si por lo menos un espacio de calma y tranquilidad.

1.Los esposos deben dejar a sus padres. Evidentemente se refiere a una separación física, que no necesariamente implica abandono, sino más bien una distancia prudente para evitar su interferencia en la relación ya sea de los padres del esposo o los progenitores de la esposa.

Todo conocemos muchas historias muy tristes cuando los papás se entrometen en la vida de su hijos que ya están casados. En México la intervención de ellos ha dado al traste con matrimonios porque es insano, pero sobre todo porque se trasgrede lo establecido por Dios al crear el matrimonio.

2.El segundo principio de Dios para la vida matrimonial es que los esposos se unirán. La palabra unión es interesante porque implica una fusión. Los intereses de ella se convertirán en los intereses de él y viceversa. La comunión de los esposos tendrá que ser tan fuerte que ya no serán más dos sino uno.

Los consortes se pertenecerán recíprocamente. Ella es de él y él es de ella. La unidad hará que la separación sea tan complicada que ni siquiera lo pensarán. La unidad se va desarrollando para llegar a un punto en el que el esposo es imagen de la esposa y la conyugue es la viva imagen de su marido.

3.Finalmente ambos serán una sola carne. Un solo ser, inseparable, indivisible. A tal grado será su existencia que el dolor que experimente uno será el dolor que tenga el otro. Lo que ame uno lo amará el otro. Los hijos son, para algunos, la expresión de una sola carne.

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