Prohibición equivocada

Dice la Biblia en 1ª Timoteo 4: 3

“…prohibirán casarse…”.

El apóstol Pablo le escribe a su discípulo y verdadero hijo espiritual Timoteo para señalarle lo que habrá de ocurrir en el futuro. Le llama “los postreros tiempos” entre hombres que escucharán espíritus engañadores, oirán doctrina de demonios, vivirán en la hipocresía y tendrán cauterizada la conciencia.

El resultado de esta nefanda condición será una confusión colosal que perjudicará seriamente al matrimonio. Estas personas prohibirán que la gente se case con los más diversos y equivocados argumentos. Pregonando mucha espiritualidad señalarán el matrimonio como raíz de males y dificultades.

Y así ocurre hoy como en ninguna otra época de la humanidad. Esa institución sufre embates, acoso e injustos señalamientos con tal de hacerle ver como un estorbo o impedimento para la realización plena de las personas, cuando en realidad es todo lo contrario.

El matrimonio fue construido por Dios o creador por él. No es bueno que el hombre este solo, dijo y luego de haber formado a Adán dio vida a Eva, la madre de todos los vivientes. Fue su idea, fue su obra que los hombres –varones y mujeres- se unieran en santa y bendita relación conyugal.

No fue una ocurrencia. Las personas nacen con esta necesidad. Por supuesto que hay excepciones, pero la mayoría de las personas se casan tiene hijos y viven en pareja porque forma parte de su diseño.

Prohibir casarse es un verdadero despropósito. Con todas las contradicciones de los consortes, el matrimonio es la protección de la reproducción de la especie humana y cancelarlo produce vicios y desviaciones terribles. No soluciona nada dejar sin efectos la necesidad de tener una pareja, al contrario los empeora.

Y no puede ser de otra manera porque el origen de esta clase de prohibiciones surgen exactamente del mismo infierno.

El matrimonio seguirá siendo siempre el plan para la mayoría de los seres humanos y seguirá constituyendo la única manera de propagar la humanidad. Prohibirlo solo nos recuerda que hemos llegado a los últimos días. Al final de la historia humana. Un tiempo de gran apostasía y rebelión contra Dios.

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