Cantemos la misericordia y la justicia de Dios

Dice la Biblia en Salmos 101: 1

“Misericordia y juicio cantaré, a ti cantaré yo, oh Jehová.”

Los rabinos judíos explican que el mundo en el que vivimos se sostiene por dos grandes columnas: la misericordia y justicia de Dios. Ambos principios o acciones del Señor hacen que este mundo no se destruya por completo, ni se socave la convivencia entre los seres humanos.

Dios actúa siempre con amor. Sostiene y sustenta a la humanidad proveyéndole lo indispensable para subsistir desde aire, agua y alimento que son elementos básicos para sobrevivir. La mejor expresión de su misericordia a encontramos en palabras de Jesús: hace salir su sol sobre justos e injustos y hace llover sobre malos y buenos.

Su gracia común la encontramos así en muchas cosas que ocurren en nuestro entorno y a veces no nos percatamos de ello, pero su bondad infinita se manifiesta día a día para dar vida y mantener la existencia humana sobre la tierra.

Pero a la par de su misericordia, prevalece también su justicia. Aquella que da a cada uno lo que merece. No más, ni menos. La justicia que Dios aplica es aquella en la que cada quien recibe justamente lo que sembró. Los hombres cosechan lo que plantan porque Dios es justo y da a todos medida por medida.

David dice que cantará del amor de Dios y de su justicia y por su puesto cantará a Dios. La Biblia llamada Traducción al lenguaje actual traduce así este verso: “Dios mío, tú eres justo y fiel; por eso quiero cantarte himnos.”

La bondad y la justicia de Dios nos impulsarán a alabarlo porque nos recuerdan que Dios está pendiente de lo que sucede en este mundo. Nada le es ajeno o distante. Dios actúa siempre en dos sentidos: aplicando su justicia o recreándose en su amor. David nos recuerda que alabamos a un Dios que obra siempre.

Le cantamos a un Señor que día a día manifiesta su presencia en el mundo con señales y prodigios para sustentar al mundo y a su pueblo.

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