Dominados por sus propios intereses

Dice la Biblia en Filipenses 3: 19 “…cuyo dios es su vientre…”.

Cuando Pablo define a los enemigos del evangelio es durísimo. No tiene para ellos la menor consideración. Es entendible puesto que las buenas nuevas debían protegerse de todos aquellos que las pervertían o adulteraban o abiertamente les quitaban su sentido básico en aras de obtener alguna ganancia deshonesta.

Pablo hizo públicas algunas expulsiones de la iglesia como la de Himeneo y Alejandro a quienes echó de la iglesia de Éfeso por blasfemos, hizo lo mismo con el hombre que tenía una relación ilícita con su madrasta en la iglesia de Corinto. En la carta a los Gálatas, el apóstol fue también muy severo con quienes habían mutado el evangelio de Cristo.

Su apología por la verdad del evangelio fue tan fuerte que escribió que quien hiciera esa clase de desviaciones fuera anatema. La palabra anatema era un palabra severísima. Los judíos sabían perfectamente que significaba y también los de habla griega. Era un maldición de muerte.

En la carta a los Filipenses retoma ese discurso cuando se enfrenta con los judaizantes que se habían introducido en esa iglesia y comenzaron la perturbadora tarea de apartar a los creyentes de las verdades sencillas de la vida y obra de Cristo que Pablo les había enseñado a su paso en esa colonia romana.

Los define como personas que tienen como dios su vientre. La versión Dios Habla Hoy traduce así esta frase: “Su dios son sus propios apetitos…”, en tanto que la versión Traducción al lenguaje actual lo hace así: “Vive solo para comer…”, y la versión Traducción Viviente lo hace de la siguiente manera: “Su dios es su propio apetito…”.

Los que buscan beneficios personales en la causa de Cristo son personas que en realidad tiene como amo o gobernante sus propios deseos. Son sensuales, es decir viven para sus sentidos. No les interesa en lo más mínimo los altos valores cristianos como la negación del yo, el sacrificio por los demás o la abnegación y piedad ante las tentaciones del mundo.

Lo que Pablo está haciendo es un llamado de atención a todos los creyentes para que se cuiden de esta clase de personas. Los identifiquen, eviten y señalen como él lo esta haciendo con quienes habían entrado a la iglesia de los Filipense para obtener un beneficio material usando el evangelio como pretexto.

No debemos de perder de vista que esta iglesia era una iglesia con gran solvencia económica. Había muchos miembros pudientes y eran blanco de personas que querían sacar provecho de la fe de ellos. Ellos debían tener cuidado con quienes su dios era su vientre o sus deseos.

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