Digno de aplausos

Dice la Biblia en Salmos 47: 1

“Pueblos todos, batid las manos; aclamad con voz de júbilo.”

La mayoría de las versiones de la Escritura traducen la frase “batid las manos” como aplaudir o chocar las manos para que se produzca un sonido que crece, en tanto son muchos quienes hacen juntos esa acción. La frase aclamad con voz de júbilo se suma al estruendo con el que se debe celebrar a Dios.

Algunos historiadores ubican la aparición de los primeros aplausos durante el imperio griego cuando apareció el teatro y con ello las primeras obras teatrales con actores que eran recibidos y despedidos con aplausos, pero de acuerdo a la Biblia parece que el antecedente del aplauso es mas lejano que ese tiempo.

La Biblia menciona este tipo de acción en el tiempo de los salmos y como una manera de mostrar la alegría de adorar y servir a Dios. Finalmente quien le dió las manos a los hombres sabía perfectamente que con esa parte de su cuerpo el hombre podía celebrar el nombre de Dios de manera jubilosa.

Aplaudir es una forma de reconocimiento. Es la manera en la que decimos que estamos sorprendidos o que nos gusta lo que ha hecho o hace la persona a quien dirigimos nuestra celebración con las manos. En el caso de Dios, el es digno de ser reconocido y de recibir nuestros aplausos.

Su poder y grandeza, sus obras y portentos, sus señales y milagros hacen que le brindemos fuertes aplausos a la hora de recordar su santo y bendito nombre.

Es muy cierto que los aplausos a veces se dirigen a hombres y es cierto también que algunas personas exigen que se les aplauda, aun cuando no merecen siquiera el mas mínimo reconocimiento. Sin embargo en el caso de Dios, él es único digno de ser en gran manera alabado.

Él es digno de que le aplaudamos no solo fuertemente, sino siempre porque es merecedor de ser en gran manera exaltado.

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