El prevaricador

Dice la Biblia en Salmos 119: 158

“Veía a los prevaricadores, y me disgustaba, porque no guardaban tus palabras.”

Un prevaricador es una persona que abiertamente se burla de Dios. Es una persona que sabiendo que su conducta agravia severamente la santidad de Dios no sólo no la evita, sino que la ejecuta y lo hace sin remordimiento y sí con mucha alegría por saber que lo que esta haciendo agravia la justicia de Dios.

El prevaricador es justamente lo opuesto a un justo. Un justo se conduce con temor y temblor delante del Señor. Son polos completamente opuestos. El justo jamás podrá tener una relación afectiva con el prevaricador porque su actuar es una ofensa contra el Creador que tanto ama quien busca a Dios.

El salmista nos presenta justamente ese conflicto. El conflicto que resulta de encontrarse en la vida esta clase de personas. Dice el autor del salmo que hoy meditamos que le disgustaban. Le molestaba esencialmente su actitud de despreciar o menospreciar la bendita palabra de Dios que para él es tan importante.

La Escritura para el prevaricador es obsoleta o sin valor alguno. No le merece la menor consideración. Para él la revelación escrita carece de importancia y de allí el enfado del justo para quien la palabra de Dios tiene una preeminencia tal que la ha hecho no parte de su vida, sino su vida misma.

La razón de su molestia tiene exactamente su origen en esta diferencia. El prevaricador es un ser sin ningún temor frente a la palabra de Dios, en tanto que el justo hace de ella su alimento diario. Sus decisiones o determinaciones se basan exclusivamente en ella o tiene como referencia para su conducta lo que Dios ha manifestado.

El justo no tiene ninguna complacencia para esta clase de personas. No les da ninguna concesión, ni le resulta para nada llamativo lo que hacen o dicen. Simplemente le causan enfado. Le ocurre justamente lo que el salmo 15 dice: “El vil es menospreciado, pero honra a los que temen al Señor.

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