Tuertos, pero salvos

Dice la Biblia en Mateo 18: 9

“Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti; mejor te es entrar con un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno de fuego.”

El sentido de la vista es el mayores riesgos espirituales trae consigo. Eva “vio el fruto” del árbol prohibido, David vio desde su terraza a Betsabé que se bañaba”, Acán vio un lingote de oro y un manto babilónico cuando se conquistaba Jericó y tomó del anatema que finalmente lo condujo a la muerte.

Juan resume magistralmente esta verdad en su primera carta cuando dice: “Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.” 1ª Juan 2: 16. Los ojos o el sentido de la vista ha provocado grandes catástrofes espirituales.

Cuando un creyente se deja dominar por los deseos de sus ojos ha comenzado su debacle moral y espiritual. El deseo de poseer o apropiarse de ese bien u objeto difícilmente será detenido y no tendrá freno independientemente de que el resultado de esa acción lo conduzca a la ruina.

Si hace algunos años la lucha era frontal hoy en día con el internet la batalla se ha vuelto fragorosa, constante y permanente. Hoy en día en las computadoras y teléfonos portátiles se puede ver casi todo lo que se quiere

Esas son las razones por las que Jesús fue tan vehemente al pedir a sus seguidores “arrancarse” los ojos antes de provocar un escandalo. Por su puesto que no fue literal, pero lo cierto es que exigió el máximo rigor a la hora de enfrentar nuestros deseos que nacen justamente del sentido de la vista.

Uno tiene que ser muy severo con lo que mira para evitar esta clase de descalabros porque una falla de los seguidores de Cristo provoca desaliento, pero un escandalo de quienes están al frente pasa a ser una enorme piedra de tropieza que convierte el evangelio en escarnio y burla.

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