Juana y Chuza

Dice la Biblia en Lucas 8: 3 “Juana, mujer de Chuza, intendente de Herodes…”.

Juana y Chuza eran un matrimonio que tenían relaciones muy estrechas con los gobernantes judíos. Cuando Lucas elabora la lista de las mujeres que acompañaban a Jesús durante su ministerio incluye a Juana y la relaciona directamente con su esposo, Chuza o Cuza, según otras versiones de la Escritura, quien era administrador del rey Herodes Antipas.

Esta pareja conocían perfectamente a la clase gobernante hebrea, pero decidieron seguir a Jesús. Es imposible que Juana haya caminado junto con Jesús sin la anuencia de su marido, por eso digo que optaron por Cristo. Lo interesante de esta pareja es que sus relaciones sociales fueron puestas a un lado para abrir su corazón al Señor.

Administrar los bienes del tetrarca Horodes Antipas, además de asegurarles un buen estipendio o salario, también les aseguraba relaciones humanas con la clase alta de Jerusalén, que para muchas personas representa un estatus o nivel social deseable o deseado porque supone “codearse” con la alcurnia de los judíos.

Pero esta pareja optó por acercarse a Cristo en una singular manifestación de desenfado por su clase social. Ese matrimonio prestó importante apoyo a la causa de Cristo porque de acuerdo a Lucas, Juan integraba un selecto grupo de mujeres que “le servían de sus bienes”, es decir que aportaban económicamente a la obra de Dios.

Juana y Chuza o Cuza habían determinado apartar de sus recursos financieros para fondear la labor que Cristo hacía con sus discípulos. Había tal acuerdo en ambos que la decisión la tomaron a pesar de que la clase gobernante no veía con buenos ojos al Señor, pero sobre todo a pesar de que dar dinero siempre resulta complicado.

La lección que nos aportan es variada. Por una parte nos enseñan a dar como matrimonio. Uno de los más grandes acuerdos a los que se llega cuando hay una comunicación perfecta, pero también nos enseñan que la esposa puede servir al Señor con su presencia, pero el marido lo puede hacer con su trabajo. Pronto, sin lugar a dudas,  el Señor los reunirá en su servicio.

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