Cantemos alegres a Dios

Dice la Biblia en Santiago 5: 13 “…¿Está alguno alegre? Cante alabanzas.

Al concluir su carta, Santiago aborda los dos estados de ánimo que las personas pueden experimentar: la aflicción o la alegría. Me referiré en esta ocasión a la segunda. Para llegar a esta recomendación o a esta solicitud, el autor de la carta que lleva su nombre hace una pregunta sencilla y también procede a ofrecer una respuesta sencilla.

Con este ejercicio el escritor de la epístola concatena o encadena la alegría con las alabanzas o si se quiere la alabanza con la alegría. Deducimos con ello que alabar a Dios debe hacerse con alegría. La alegría es un estado de ánimo que las personas pueden tener, no necesariamente porque todas las circunstancias marchen bien.

Difícilmente todas las circunstancias marcharán bien. Lo más seguro es que siempre haga falta esto o aquello. La alegría surge cuando confiamos en Dios, cuando reconocemos que él esta en control de todo y eso hace que nuestro corazón se llene de alegría y una vez en esa condición podemos cantarle.

Un corazón triste o quebrantado difícilmente podrá alabar a Dios porque su mente o corazón está concentrado en esa carencia o en esa tribulación que está atravesando. Pero el corazón alegre es exactamente el mejor estado para bendecir y agradecer a Dios en privado y en público.

Cantar a Dios es uno de los grandes privilegios que el Señor ha dejado a sus creaturas. Es una bendición porque le permite disfrutar de la presencia de Dios y porque le hace encauzar su alegría hacia cosas sanas o hacia la fuente de la alegría permanente que es Dios, quien siempre disfruta que sus hijos lo alaben.

Cantad alegres es una solicitud constante de los escritores de la palabra de Dios porque cuando algo se hace con alegría se disfruta, se hace con toda la intención de agradar a Dios, pero sobre todas las cosas se hace con placer sin que canse o fatigue hacerlo por mucho tiempo o en condiciones inapropiadas.

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