Temor a la palabra de Dios

Dice la Biblia en Salmos 119: 161

“Príncipes me han perseguido sin causa, pero mi corazón tuvo temor de tus palabras.”

Algunas traducciones presentan este texto así: “Gente poderosa me acosa sin razón, pero mi corazón tiembla únicamente ante tu palabra.” (NTV). “Yo no les tengo miedo a los poderosos que me persiguen; sólo tiemblo ante tu palabra.” (TLA). Ambos textos nos ofrecen una mejor compresión del verso.

En una de sus enseñanzas Cristo le pidió a su seguidores que no tuvieran temor a aquellos que mataban el cuerpo porque hasta allí podían llegar o hacer, sino más bien, que tuvieran temor de quien, además de matar el cuerpo, podía enviar el alma al infierno. En otras palabras que no tuvieran temor a los hombres sino a Dios.

El salmista que escribió este texto experimentó la persecución por parte de hombres con poder. Fue una persecución injusta porque no tenía motivo o razón. Fue, muy seguramente, un acto de intolerancia. Lo que le hizo sentir temor, pero de inmediato recordó que por encima de reyes y príncipes está la autoridad de Dios.

Pablo escribió que todos aquellos que quisieran vivir piadosamente padecerían persecución, es decir, todos aquellos que deciden tomar la palabra de Dios como referente y norma de conducta obtendrían enemigos gratuitos y en ocasiones esos adversarios buscarían causarles daño.

Ante una situación de esa naturaleza es entendible sentir temor. El miedo es una emoción que todos los seres humanos experimentamos ante el peligro, pero el creyente puede apaciguar ese miedo, si recuerda que al final de cuentas quienes le persiguen son finitos o transitorios en este mundo.

En cambio la revelación divina es eterna. En la Escritura están contenidos todas las recompensas y todos los castigos que recibirán los seres humanos. Es más lógico tener temor a lo que expresa la Biblia que a seres humanos con limitaciones extremas en este mundo.

La revelación escrita de Dios es poderosa. Contiene todo el consejo del Señor. Guarda enseñanzas no solo para esta vida, sino también para la venidera. Ella merece todo nuestro temor porque incumplirla nos conduce a la condena y no hombres que si bien tiene cierto poder, solo lo tienen en este mundo porque nada pueden hacer en la vida eterna.

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