Enviados a evangelizar en medio del peligro (recomendaciones)

Dice la Biblia en Mateo 10: 16

He aquí yo os envío como ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes y mansos como palomas.

Introducción

Cristo nunca quiso ni quiere engañar a nadie. A los que envió a predicar les advirtió claramente a donde lo enviaba o con quien los enviaba. Nadie, absolutamente, nadie se puede o debe decir engañado. Jesús sabía que su mensaje tendría hostilidades, provocaría molestia y traería enfado e ira entre algunos.

Cristo jamás ha engañado a nadie. Quien se dedica a predicar o anunciar su mensaje debe tener claro que le esperan dificultades, peligros y una oposición que comenzará en su casa y es posible que se vuelva insoportable. Eso es claro en el sermón apostólico que estamos estudiando en el capítulo 10 de Mateo.

Y para ello utilizo una de las figuras más conocida dentro de la iglesia y aún afuera de ella: los envío como ovejas en medio de lobos. El peligro en la predicación o anuncio de las buenas nuevas es una verdad que todos debemos tener presente. Nadie está exento de estas dificultades.

El apóstol Pablo abordó ampliamente este tema cuando habló sobre el sufrimiento que pasó él y muchos de sus colaboradores al anunciar el mensaje de Cristo entre judíos y gentiles. En Romanos 8: 35 enlistó los enemigos a enfrentar: tribulación, angustia, persecución, hambre, desnudez, peligro y espada.

Cristo padeció al anunciar su evangelio. Fue rechazado y finalmente fue llevado a la cruz del calvario. Sus seguidores no podemos esperar otro trato. Lo realmente importante de todo ello es que sabemos lo que ocurriría. Agradecemos a Cristo habernos advertido lo que habría de ocurrir. No nos dejó sin saber lo que habría de acontecer.

Una oveja en medio de lobos es una presa, es una víctima que parece insalvable, pero Cristo ofrece a sus seguidores dos recomendaciones o dos actitudes que servirán mucho para enfrentar la adversidad al salir a predicar el evangelio de Cristo.

Predicar el evangelio no es lo que muchos piensan. La cosa más sencilla o algo que no requiere absolutamente ningún esfuerzo. Todo lo contrario requiere astucia y mansedumbre dos virtudes que deben cultivarse cotidianamente para no fallar a la hora de salir a compartir la bendita palabra de Dios.

I. Primera recomendación: sean prudentes como las serpientes

La primera virtud que Cristo pidió a quienes salen a evangelizar el mundo es la prudencia. La palabra “prudencia” procede de la raíz griega “phronimos” que algunas versiones traducen como “astutos”, otros como “listos” y algunas más como sabios e inteligentes. La idea de la expresión es de una persona que sabe cuidar sus intereses.

Para mejor compresión de lo que les estaba diciendo o pidiendo, Jesús los llevó a un ejemplo del reino animal y los pidió que tomaran como referente para conducirse cuando salieran a compartir y para ello empleó a la serpiente, culebra, víbora o reptil que constituye una de los animales más letales a la hora de actuar.

Las serpientes son muy pacientes y son muy astutas para lograr su objetivos. Son capaces de esperar silenciosamente por mucho tiempo antes de atacar a su presa, pero una vez que lo hacen son mortales. Su astucia es milenaria para atacar a hombres y animales y casi siempre se salen con la suya.

Son sigilosas y muy efectivas a la hora de lanzar su ataque del manera que su víctima generalmente termina destruida y ella huyendo de manera muy rápida a la hora de saberse descubierta. Jesús no pudo ocupar mejor ejemplo para decirle a sus seguidores como comportarse en medio de lobos.

El creyente debe ser muy cuidadoso. No debe confiarse. Debe prestar mucha atención para alcanzar el objetivo que tiene. El evangelio no se hace sin pensar, reflexionar o meditar. Se hace si con el corazón, pero también con la razón. Se debe pensar y repensar como actuar ante la presión o el peligro que se enfrenta.

En una interpretación estricta de este pasaje podemos decir que se necesita siempre ser muy astuto cuando tratemos con los incrédulos. Debemos tener presente que son hostiles a la palabra de Dios y estamos en medio de lobos, de esa forma nadie podrá engañarnos o tomarnos el pelo.

El creyente no debe ser ingenuo. Debe ser despierto y atento a lo que ocurre en su entorno para hacer su labor de anunciar el evangelio de Cristo.

II. Segunda recomendación: mansos como palomas

La segunda recomendación que Cristo hace a sus seguidores es que se comporten con mansedumbre. La palabra mansedumbres significa sencillamente fuerza bajo control. En otras palabras quiere que controlen sus temperamento siempre, pero máxime cuando salgan a predicar.

Es interesante notar que se les pide que sean como la palomas, tranquilas, apacibles, calmadas. Nada de estridencias, nada de alharaca, todo con un espíritu apacible a la hora de hacer evangelismo. Como las palomas que son animales muy tranquilos y que al verlos siempre hay reposo.

El ejemplo de una paloma es muy interesante porque plantea la actitud con la que se debe hacer la obra de evangelismo. Se debe hacer con los “nervios completamente templados”. La presión que viene ante la presión o la persecución requiere de personas que asuman con tranquilidad las circunstancias adversas.

Este verso es un verso que Cristo quiere que quede bien claro y para ello recurre a tres ejemplos y utiliza cuatro animales. Utiliza a las ovejas, que representan a los enviados. Menciona a los lobos que ejemplifican el peligro que existe por la oposición al evangelio. Describe a la serpiente y a las palomas para representar a los enviados.

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