La imperiosa necesidad de dejarse guiar por Dios

Dice la Biblia en Números 9: 15-23

15 El día que el tabernáculo fue erigido, la nube cubrió el tabernáculo sobre la tienda del testimonio; y a la tarde había sobre el tabernáculo como una apariencia de fuego, hasta la mañana.  16 Así era continuamente: la nube lo cubría de día, y de noche la apariencia de fuego. 17 Cuando se alzaba la nube del tabernáculo, los hijos de Israel partían; y en el lugar donde la nube paraba, allí acampaban los hijos de Israel. 18 Al mandato de Jehová los hijos de Israel partían, y al mandato de Jehová acampaban; todos los días que la nube estaba sobre el tabernáculo, permanecían acampados. 19 Cuando la nube se detenía sobre el tabernáculo muchos días, entonces los hijos de Israel guardaban la ordenanza de Jehová, y no partían. 20 Y cuando la nube estaba sobre el tabernáculo pocos días, al mandato de Jehová acampaban, y al mandato de Jehová partían.  21 Y cuando la nube se detenía desde la tarde hasta la mañana, o cuando a la mañana la nube se levantaba, ellos partían; o si había estado un día, y a la noche la nube se levantaba, entonces partían. 22 O si dos días, o un mes, o un año, mientras la nube se detenía sobre el tabernáculo permaneciendo sobre él, los hijos de Israel seguían acampados, y no se movían; mas cuando ella se alzaba, ellos partían.  23 Al mandato de Jehová acampaban, y al mandato de Jehová partían, guardando la ordenanza de Jehová como Jehová lo había dicho por medio de Moisés.

Introducción

La nube en tabernáculo sirvió de señal para el pueblo de Israel de la presencia de Dios entre ellos. En cuanto el tabernáculo fue terminado de construirse la nube apareció inmediata y permanentemente. En la noche su aspecto era como de una columna de fuego que iluminaba la morada de Dios.

El libro de Éxodo 40: 34-38 da cuenta de la forma en Dios reposó entre los judíos a partir de la construcción de la tienda del testimonio como se le llama también el Tabernáculo que sustituyó a los altares de piedra que construyeron Noé, Abraham y los antecesores a Moisés.

Pero la nube cumplió otra función: determinar el tiempo que el pueblo de Israel acamparía en lugar y el tiempo que los judíos debían de caminar en el desierto. La nube sirvió como una especie de alarma para toda la nación a fin de que supieran con certeza cuando se tenían que detener en su peregrinar y cuando debían levantar su campamento y avanzar.

Fue una señal pedagógica para el pueblo de Israel. Fue la manera en que Dios trató con ellos para mostrarles su continua presencia entre ellos. Todo Israel estuvo bajo la nube. Nadie quedó exento o fuera de ella. En el inmenso y solitario desierto ellos contaron con la seguridad de esa manifestación gloriosa de Dios.

La nube en el tabernáculo y la imperiosa necesidad de dejarse guiar por Dios

I. Porque siempre está con nosotros
II. Porque es imprevisible
III. Porque Dios siempre se mueve

Caminar por el desierto es, desde el punto de vista físico, extenuante. El clima es extremoso. El día es caluroso y la noche sumamente fría. Se requiere de aditamentos especiales para estar unos días allí, pero si ha de cruzarse los requerimientos son todavía más elaborados para evitar una muerte segura por insolación o hipotermia.

Para que el pueblo de Israel logrará la hazaña de salir de Egipto, atravesar el desierto y llegar a la tierra prometida, Dios utilizó un sencillo, pero efectivo instrumento para garantizarle a su pueblo cuidado y protección en el inclemente clima desértico y conducirlo paso a paso al lugar de su residencia permanente.

Para ello usó una nube que nos ofrece una importante y esclarecedora lección de lo valioso que resulta la presencia de Dios en nuestras vidas y la necesidad que tenemos de reconocer su presencia entre nosotros debido al interés superior del Señor de dirigir nuestra vida, conducir nuestra existencia y recordarnos que solo de esa manera podremos llegar al cielo.

I. Porque siempre está con nosotros

La primera gran lección o la primera verdad que debemos tener presente en nuestro corazón y no olvidar jamás es que Dios está con nosotros. El pueblo de Israel necesito una manifestación visible de esta verdad, pero nosotros tenemos nuestra fe y con ella sabemos perfectamente que Dios está con nosotros.

Cuando los judíos terminaron de instalar el tabernáculo, que fue construido bajo las estrictas instrucciones de Moisés, durante su consagración la presencia de Dios se manifestó a través de una nube que llenó el lugar y según nos relata el libro de Éxodo 40: 34-38 la gloria de Jehová se manifestó.

A partir de ese instante la nube nunca más volvió a desaparecer. Día y noche, por unos 38 años, tiempo en que duró su peregrinar de Egipto a la tierra prometida, cruzando el desierto, la presencia de Dios fue notoria. La nube siempre estuvo allí, nunca más se fue de ese lugar.
Dios dejó testimonio de su deseo, pero sobre todo de la necesidad que sus hijos tienen de ser dirigidos. Su presencia en nuestras vidas es más que notorio y aún anhela que dejemos que dirija nuestra existencia. Su presencia en medio de nosotros es la prueba indubitable de que quiere dirigir nuestra existencia.

II. Porque es imprevisible

El relato de la nube y el tabernáculo nos presenta varias hipótesis de lo que acontecía con Israel. La preposición “cuando” la encontramos al menos seis veces en los versos que estamos estudiando. Es una expresión de tiempo. El tiempo que iban a acampar era imprevisible.

Según leemos en los versos, los judíos se detenían cuando la nube se detenía. Caminaban cuando la nube caminaba. La nube podía estar unos pocos días detenida y luego se elevaba y comenzaba a moverse. Los hebreos debían entonces caminar, independientemente si el lugar donde habían acampado resultaba acogedor.

Pero podía ocurrir o solía ocurrir que la nube en forma de columna de fuego se detenía en la noche y a la mañana siguiente se movía, es decir, solo paraba unas horas, entonces los judíos tenían que avanzar, independientemente si solo habían descansado un poco de la noche a la mañana.

El hecho de que la nube en el día y la columna de fuego en la noche no tuvieran un ritmo exacto de movilización es la expresión más clara y contundente de que la voluntad de Dios es así imprevisible. Nadie podía saber cuando habría de moverse y eso obligaba a todos a estar siempre alertas, pendientes y a la expectativa de lo que habría de suceder.

Dios quería que su pueblo y nosotros aprendiéramos una de las actitudes más agradables para el Señor: depender absolutamente en Él y no confiar en nosotros mismos durante su recorrido a la tierra prometida. El hecho de no saber cuando habría de moverse la nube, era una expresión de su deseo de recordar siempre que Él sabe lo que hace.

III. Por que Dios siempre se mueve

El verso 22 dice así: “O si dos días, o un mes, o un año, mientras la nube se detenía sobre el tabernáculo, permaneciendo sobre él, los hijos de Israel seguían acampados y no se movían; más cuando ella se alzaba, ellos partían.”

La nube podía “estacionarse” lo mismo dos días, que un mes o un año, pero siempre se movería. La presencia de Dios es dinámica, nunca es estática. Los israelitas debían estar conscientes o entendidos de que por “mucho tiempo que tardare la nube” en un lugar, por supuesto que habría de moverse en algún momento.

Dios siempre se mueve esa es una verdad que debemos aquilatar en nuestro corazón para evitar caer en la rutina y el costumbrismo. Nuestro Dios se movió, se mueve y seguirá moviendo a la espera que nosotros lo acompañemos y no nos quedemos en el mismo lugar de siempre.

La nube nos sirve de lección para comprender que Dios apura a los lentos, pero le pone freno a quienes viven apurados. Debemos vivir para él al ritmo que él marque, no a la inversa.

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