Las asociaciones religiosas en tiempos de la 4T

Por Porfirio Flores

Desde mucho tiempo antes de las elecciones, el entonces candidato de Morena, Andrés Manuel López Obrador sostuvo encuentros y reuniones con diferentes asociaciones religiosas. Lo hizo con miembros de la iglesia cristiana, pero también con la católica y con otros grupos adscritos como integrantes de Asociaciones Religiosas (AR).

En esos días se pensaba que los encuentros formaban parte de su agenda proselitista porque sus contrincantes también sostenían reuniones con grupos religiosos tratando de atraer su voto, sin embargo con su triunfo el 1 de julio del 2018 y su toma de posesión en diciembre del mismo año fue notorio que la relación con las AR seguiría. 

Hoy, a seis meses de su gestión como presidente de México, queda claro que el presidente tendrá un trato completamente diferente con esas asociaciones, un trato inédito en la historia de México. En primer lugar porque tratará por igual y abiertamente a católicos, evangélicos y otras confesiones como el judaísmo. Es un trato sin sesgos, ni preferencias.

De eso dan cuenta sus reuniones en Palacio Nacional, lo mismo con católicos que con evangélicos. Otra evidencia clave ocurrió en Tijuana, Baja California el pasado 28 de junio donde hizo uso de la palabra tanto Arturo Farela de las iglesias evangélicas como el sacerdote, Alejandro Solalinde. Por supuesto la lluvia de críticas por estas invitación fue intensa. 

A lo largo de la historia de México pasado y reciente era visible y lamentable que los presidentes o sus gobiernos tuvieran siempre preferencia por la iglesia católica e hicieran a un lado a otros grupos, pero el presidente Andrés Manuel López Obrador parece tener claro que toda preferencia hacia uno u otro grupo genera malestar. 

Era obvio que había relaciones. Pero a diferencia de lo que ocurre ahora, no eran públicas. Todo quedaba en secreto. Había un trato preferencial hacia una de las AR por encima de todas las demás. Eso quedaba más que claro.

Como olvidar el día que el presidente Vicente Fox recibió a Juan Pablo II y arrodillado besó el anillo papal en una clara expresión de su preferencia y confesión religiosa y por eso el actual primer mandatario de México ha sido muy cauteloso y prudente a la hora de tratar con un tema delicadísimo en la nación como lo es la religión. 

Sin embargo, a pesar de ese cuidado, el presidente enfrenta acusaciones de diversos frentes de estar debilitando el estado laico, uno de los baluartes heredados por Benito Juárez tras la Guerra de Reforma. Aún cuando el papel de la iglesia es enteramente social y de ningún modo tiene una actividad política que es lo que sanciona claramente la ley.

Los artículos 24 y 130 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, así como la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público son muy claras a la hora de señalar que sí y que no pueden hacer tanto las AR como sus ministros de culto. Tienen prohibido participar activamente en política ya sea haciendo labor proselitista o induciendo el voto.

Pensar que el Estado laico se mina cuando se invita a participar a las AR en labores de trabajo social es muy simplista. En el caso de las AR de corte cristiano evangélica, la labor social es parte fundamental de su quehacer. Desde hace mucho ese sector visita lo mismo hospitales que cárceles. Atiende sectores marginales como las sexoservidoras, jóvenes en zonas marginales y hace labor en depósitos de desechos sólidos, entre otros.

El Estado laico si se debilita cuando las AR o sus ministros de culto se inmiscuyen en labores partidistas y de eso se debe tener mucho cuidado, pero no cuando se trata de labores de carácter social que la iglesia siempre hará con llamado o sin llamado presidencial.

Es muy claro que el llamado que AMLO le ha hecho tiene una labor social y no política. Es un llamado a todos, no a cierto sector. Es un reconocimiento tácito de que todas las AR pueden aportar a transformar a México, sobre todo en estos tiempos de violencia y sin razón que parecen hundir a México en la descomposición social. 

El presidente de México ha dado claras muestras de que conoce la ley y es un juarista declarado. Resultaría toda una contradicción fomentar la participación política de las AR, pero no así, auxiliarse de su labor en diversos sectores sociales a los que llega desde hace decenas de décadas. 

La historia del PES es un ejemplo de cómo las propias AR saben que su labor es social, nunca política.

México vive momentos de grandes retos. El primer mandatario lo sabe. La violencia, el robo y la corrupción parecen ganar la batalla y por eso el país reclama el concurso de todos para detener este problema que no afectará al presidente si no se logra, sino que terminará socavando la convivencia de todos los mexicanos.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: