Abre tu boca en alabanza

Dice la Biblia en Salmos 51: 15

“Señor, abre mis labios, y publicará mi boca tu alabanza.”

David había sido derrotado por el pecado. Había perdido una batalla, pero no la guerra. El dulce cantor de Israel languidecía porque había dejado de hacer lo que más amaba hacer en este mundo: adorar a Dios con alabanzas, acompañado de sus instrumentos de cuerda para que su alma descansara.

El hombre que nos legó la mitad del salterio hebreo atravesó momentos en los que su alma no tenía la fuerza suficiente para hacer que su cuerpo levantará su voz para adorar a su Señor y en el salmo 51 desfoga toda esa carga que deviene de no poder adorar a Dios con el corazón.

Y desde lo más profundo de su corazón eleva esta plegaria que nos conmueve porque nace de un hombre que tenía una conexión permanente con Dios, un varón que tenía el corazón conforme al corazón de Dios, no surge de alguien alejado o distante de Dios o que quiere aprender alabar al Señor.

David clama a Dios para que abra sus labios. David quería que Dios le devolviera ese deseo de adorarlo y exaltarlo que el pecado le había quitado. El anhelo del corazón de David era volver a ese tiempo en que sus labios declaraban “Bendeciré a Jehová en todo tiempo, su alabanza estará de continuó en mi boca.”

Ahora pedía que Dios lo ayudará a alabarle. Pedía que Dios interviniera en su corazón para volver a esos tiempos de regocijo en la presencia de Dios. Quería que Dios alejara de su vida la parsimonia, la apatía y el desgano a la hora de buscar su rostro en adoración. Quería verdaderamente honrar a Dios.

Hoy tal vez nos sintamos como David, que no podía adorar a Dios. Pero hoy al igual que él le podemos decir a Dios que nos ayude a bendecirlo con todo nuestro corazón. Digámosle junto con David que queremos publicar en nuestra boca su alabanza. Que queremos hacer notorias sus obras a través de nuestros cantos y nuestras alabanzas.

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