El arco iris: una señal que garantiza que no habrá otro diluvio

Dice la Biblia en Génesis 6: 12-17

12 Y dijo Dios: Esta es la señal del pacto que yo establezco entre mí y vosotros y todo ser viviente que está con vosotros, por siglos perpetuos:  13 Mi arco he puesto en las nubes, el cual será por señal del pacto entre mí y la tierra.  14 Y sucederá que cuando haga venir nubes sobre la tierra, se dejará ver entonces mi arco en las nubes.
 15 Y me acordaré del pacto mío, que hay entre mí y vosotros y todo ser viviente de toda carne; y no habrá más diluvio de aguas para destruir toda carne.  16 Estará el arco en las nubes, y lo veré, y me acordaré del pacto perpetuo entre Dios y todo ser viviente, con toda carne que hay sobre la tierra.  17 Dijo, pues, Dios a Noé: Esta es la señal del pacto que he establecido entre mí y toda carne que está sobre la tierra.

Introducción

Después del diluvio Dios quiso dejar constancia de que la humanidad no volvería a sufrir un diluvio y para ello diseñó una señal que todos los seres humanos pudieran ver y puso en el cielo después de cada lluvia un arco iris que apunta hacia el cielo. Con el arco iris Dios manifestó su compromiso de no enviar un diluvio de nueva cuenta.

La lluvia por cuatro decenas de días había devastado todo indicio de vida en la tierra. Habían salvado al cataclismo solo ocho personas: Noé y su esposa y sus tres hijos y tres nueras que habían subido al arca construida por ese justo. La tierra y todo ser viviente dejaron de existir debido a la maldad y perversidad que había alcanzado el ser humano.

La corrupción moral había llegado a ser tal que ya no solo los seres humanos habían pervertido su vida sexual, sino que habían llevado hasta a los animales ha graves y equivocados caminos. Solo ocho personas salvaron su vida, el resto de la humanidad había sido condenada. Había que dejar un testimonio del hecho. Y Dios lo dejó.

El arco iris es un diseño divino. No es casual, ni accidental. Fue creado por Él para recordarnos que a la tierra no vendría de nueva cuenta una lluvia por 40 días y 40 noches, independientemente de la conducta humana que generalmente tiende hacia la maldad y perversión.

Fue un pacto que Dios mismo hizo. Un pacto que él estableció de manera unilateral porque Dios lo prometió. Cada que el arco iris apareciera en el cielo se acordaría que no volvería a enviar un diluvio a la tierra, a pesar de la triste condición humana que desde esos días mostraba su grave inclinación maligna.

El arco iris, entonces, es recordatorio para toda la humanidad que a la tierra no vendrá de nueva cuenta un diluvio. Que no habrá de llover de tal manera que la vida humana se extinga del globo terráqueo.

A pesar de esta verdad, el arco iris fue tomado como bandera en la década de los 70´s por el entonces movimiento LGBT hoy convertido en LGBTTTIQA. Parece una ironía que justamente el arco iris fuera tomado por estas personas para reivindicar sus derechos y empujar para que se reconozcan.

El creador de dicho símbolo fue el estadounidense Gilbert Baker que la presentó el 25 de junio de 1978 en la primera marcha del llamado “orgullo” LGBT que se realizó en San Francisco, California, ciudad considerada como “santuario” para lo integrantes identificados con esas siglas que se replicó en otros países del mundo, incluido México.

Desde hace más 40 años el arco iris se ha convertido en el símbolo de lo que también llaman “diversidad sexual” que poco a poco se apodera del discurso tolerancia y respeto en diversos medios de comunicación para elevar a rango constitucional temas como matrimonio del mismo sexo y adopción de menores por parte de esas personas.

Justamente este sábado se llevó a cabo la llamada marcha del orgullo como le llaman a su movilización anual que se realiza en diversas ciudades del mundo, incluida Jerusalén donde desde hace unos diez años salen homosexuales y lesbianas judías a reivindicar esos derechos. Un hecho sin precedentes y sintomático de la grave descomposición moral.

Bajo el lema de “diversidad sexual” los integrantes de estas agrupaciones han ido alcanzando derechos de rango constitucional para legalizar su cohabitación y poco a poco han obligado al Estado a crear leyes que protejan sus derechos, pero solo tienen un dique que no han logrado vencer y que difícilmente lo lograran: la Escritura.

La Biblia es muy clara de su condición: desde el Génesis hasta al Apocalipsis está bien definida su condición y eso jamás podrá cambiar. Se podrá ajustar todo el entramado constitucional para otorgarles todos los derechos, como vemos que está ocurriendo, pero la Escritura no se moverá un ápice.

Aún cuando algunos integrantes de algunas iglesias, sobre todo en Estados Unidos, les abran las puertas argumentando que Dios es amor y ama a todos por igual o que la compasión debe prevalecer por encima de señalar su pecado. Siempre habrá un remanente fiel que se mantenga firme en su determinación de acatar lo que la Biblia dice.

La iglesia del siglo XXI enfrenta uno de los retos más formidables de mantener su santidad, frente a una sociedad que la acusa de falta de empatía y amor para con los homosexuales y lesbianas y sobre todo porque comienzan abundar casos de personas que a pesar de estar en la iglesia, conocer la Escritura tienen dificultades para vivir de acuerdo a su sexo.

El arco iris: una señal que garantiza que no habrá otro diluvio

I. Un garantía para toda la humanidad
II. Un garantía para siempre
III. Una garantía establecida por Dios

I. Una garantía para toda la humanidad

En los versos que estudiamos encontramos al menos cuatro veces la referencia del alcance del pacto que Dios hizo con la humanidad usando el arco iris, señalando con quien lo hizo.

Por ejemplo en el verso 12 dice: “entre mí y vosotros y todo ser viviente que está con vosotros”, en el versículo 13 dice: “entre mí y la tierra”. En tanto que en verso 15 dice: “entre mí y vosotros y todo ser viviente de toda carne”, en el 16 dice: “entre Dios y todo se viviente con toda carne que hay en la tierra”.

Finalmente en el verso 16 encontramos la frase “entre mí y toda carne en la tierra” lo que subraya y resalta que la humanidad, toda, no incluye solo a los temerosos de Dios, sino a todos e incluso a todo ser viviente debe tener la seguridad que sobre la creación no volverá a caer un diluvio.

Dios estableció el arco iris para que la humanidad recuerde que el diluvio fue real y que no habrá de venir otro. La razón por la que vino el diluvio la encontramos en Génesis 6: 1-13 en los que sobre salen tres cosas: 1. Violencia. 2. Corrupción y 3. Una reiterada inclinación al mal de todos los seres.

Génesis 6, 7 y 8 nos dan cuentan de la forma en que se extinguió la existencia de vida sobre la tierra. Miles de seres perecieron ahogados y solo se salvaron ocho personas en el arca de Noé. Dios, entonces, dijo que eso no volvería a ocurrir y dejó como prueba de su dicho el arco iris.

II. Una garantía para siempre

El diluvio fue una lección que miles años después parece que la humanidad no aprendió. La maldad hoy en día se ha desbordado. El mal lo encontramos en todas sus expresiones que asusta y atemoriza a todos. En México con estupor vemos que la violencia no cesa y la maldad se acrecienta con desapariciones, secuestros y homicidios al por mayor.

Pero la realidad es que no solo es México. Es un fenómeno mundial. La maldad recorre el mundo y parece que de nueva cuenta vivimos como en la generación de Noé, pero a pesar de ello Dios garantizó que no habría otro diluvio y su pacto fue para siempre.

En el verso 12 encontramos que será “por siglos perpetuos” y el verso 16 lo encontramos definido como “pacto perpetuo”. Ambas expresiones señalan que dicho acuerdo establecido por Dios será eterno, es decir que nada lo habrá de modificar, aún la inclinación maligna de los seres humanos, que por cierto sigue vigente.

Sobre todo en lo referente a las desviaciones sexuales que denuncia la Escritura. Levítico 18: 22 que dice “No te echarás varón como mujer; es abominación” sigue vigente junto con 1ª Corintios 6: 9.

III. Una garantía establecida por Dios

Fue Dios quien garantizó este pacto y Dios no es hombre para que mienta ni hijo de hombre para que se arrepienta, como dice Números 23: 19 y fue el quien tomó la iniciativa para establecer este acuerdo que se selló con la aparición del arco iris entre las nubes y eso le da certeza a sus palabras.

“Yo establezco” y “he establecido” son las dos expresiones que encontramos tanto en el verso 12 como el 17 en las que Dios se compromete a no enviar de nueva cuenta un diluvio de 40 día y 40 noches a la tierra o si se quiere a no volver a destruir a toda la humanidad y todo ser vivo de este planeta.

No es casual entonces que los homosexuales hayan tomado como bandera exactamente un arco iris para sentirse representados. El arco iris nos debe a recordar a todos que la maldad del ser humano no tiene límites, pero que un vez ya fue derrotada y una vez más será derrotada.

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