La alegría de la salvación

Dice la Biblia en Mateo 18: 13

“Y os digo que se regocija más por aquella, que por las noventa y nueve que no se descarriaron.”

En cada ilustración que Cristo dio para enseñar el reino de los cielos siempre imperó la claridad y la sencillez. El reino celestial fue enseñado por Cristo pacientemente a dos clases de auditorio: el pueblo y la clase gobernante de Israel que incluía a sacerdotes, escribas y fariseos.

La gente lo escuchaba de buena gana y lo seguía para oírle, pero los gobernantes judíos lo oían de mala gana y eran muy apáticos, sin embargo la pedagogía de Jesús era de lo más simple que cualquiera podía entenderlo si se disponía a escucharlo con el corazón y no con los oídos.

Cristo tenía muy claro que había llegado a la tierra a salvar todo lo que se había perdido y sus parábolas o ejemplos con los que remarcó esta verdad fueron tomados de la realidad cotidiana de los hebreos para que nadie quedará sin entendimiento o sin conocimiento del objetivo de Cristo.

La parábola de las cien ovejas tenía justamente ese propósito. Y la parte concerniente a la alegría por salvar una descarriada quedaba claro que se refería a todos aquellos que habían perdido la fe y requerían de un salvador que los regresará a Dios. Eso era hermoso porque animaba a todos a retornar a Dios, sin importar lo que los había llevado a alejarse de Él.

Pero las noventa y nueve por las que si había regocijo pero no tanto como esa que se descarrió calaba hondo porque resultaba complicado entender como es que una persona descarriada que vivió perdida provocaba tanta alegría su retorno, sin embargo el ejemplo servía para mostrar la expresión genuina del amor.

Cristo amaba a los pecadores y quería que retornarán a Él. Sin importar que habían hecho. El arrepentimiento los incrustaba de nueva cuenta en la presencia del Padre y eso lo alegraba como un pastor se alegraba cuando una oveja que se había perdido la encontraba y la devolvía al redil.

La parábola de las cien ovejas le devolvía esperanza a la gente porque expresa claramente el amor incondicional de Dios. El amor firme y permanente de Dios que como ese pastor cuya oveja estaba perdida y salió a buscarla aún a costa de su vida con tal de que volviera a su rebaño.

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