Declara vida con tu boca

Dice la Biblia en Éxodo 14: 11

“Y dijeron a Moisés: ¿No había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para que muramos en el desierto?…”.

Esta fue la primera murmuración de diez ocasiones que Israel tentó a Dios en el desierto según nos revela el libro de Números 14: 22 y en ella podemos apreciar claramente el enfado y enojo que el pueblo de Israel tenía para con Dios, a pesar de que los había liberado de su cautiverio vergonzoso en Egipto.

En Egipto vivían o más bien sobrevivían porque sus condiciones era fatales y deplorables. Eran ocupados como esclavos para construir edificios de los egipcios y cuando empezaron a crecer el Faraón ordenó matar a cada niño que naciera y que se preservara la vida de las niñas. Todo un genocidio.

Pero libres ya, en el desierto, le reclamaron a Dios el hecho de ser perseguidos por el ejército de Faraón y estar frente al Mar Rojo sin posibilidad de escapatoria. Su reclamo fue duro y llenó de incredulidad. Si Dios los había sacado mostrándoles diez plagas como sus poderosas señales, Él habría de obrar para salvarlos de mano del monarca egipcio.

Pero no, ellos confrontaron, murmuraron y tentaron a Dios. Y lo hicieron hablando y casi pidiendo la muerte como algo mejor que vivir y luchar contra Faraón. Eso mismo hicieron cuando les faltó agua en la peña de Horeb, donde también dijeron “nos hiciste subir de Egipto para matarnos de sed”. Éxodo 17: 3.

Cuando no hubo comida también dijeron: “Ojalá hubiéramos muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto.” Éxodo 16: 3. A cada situación adversas los hebreos siempre invocaban la muerte. No había comida y la llamaban. No había agua y también. Siempre decían que mejor se hubieran muerto.

Y justamente toda esa generación murió. Todos los que tenían más de veinte años no vieron la tierra prometida y no la vieron porque siempre sus palabras fueron palabras de muerte, no fueron palabras de vida. No invocaron la existencia a la hora de la fatalidad y eso fue exactamente lo que tuvieron.

La adversidad nos hace hablar. Que nuestras palabras sean de vida y confianza y no de reclamo y muerte porque nunca debemos de olvidar que recibimos justamente lo que hablamos con nuestra boca. Los hebreos en el desierto son nuestro ejemplo negativo. No hagamos como ellos.

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