Trabajo santo

Dice la Biblia en Números 17: 40

“en recuerdo para los hijos de Israel, de que ningún extraño que no sea de la descendencia de Aarón se acerque para ofrecer incienso delante de Jehová…”.

La rebelión de Coré y su terrible castigo consternó a toda la asamblea de Israel en el desierto. En su obstinación por ocupar el lugar que Dios había reservado para Aarón como sacerdote del Altísimo arrastró también a Datán y Abiram, hijos de Rubén, el primogénito de los hijos de Jacob, en lo que se convirtió en una terrorífica experiencia para todos.

El desierto abrió sus fauces y se los tragó y fueron enterrados vivos junto con sus familias por la temeridad de desafiar primero los designios de Dios y enseguida buscar una posición que Dios había determinado que ocuparía Aarón y en tercer lugar resistir a Moisés como líder establecido por Dios.

La lección que Dios dio en esa ocasión lo resumen claramente el texto que hoy meditamos: solo Aarón y sus descendientes sería los autorizados para ofrecer incienso y sacrificios en el tabernáculo. Fue una decisión divina en razón de sus eternos propósitos y nadie podía ponerla en tela de juicio.

La familia aarónica sería la encargada de esa labor. Nadie más. Sería un privilegio, por supuesto, pero también una gran responsabilidad que un descuido también les podría costar muy caro, como ocurrió con Nadab y Abiú, dos hijos de Aarón que murieron por ofrecer fuego extraño en el altar del Señor.

Dios quería dejar muy en claro que la labor de su casa o su templo es tan sagrado y santo que exige siempre la mejor disposición y una actitud correcta. La lección con Coré y los hijos de Aarón es un llamado de atención que la obra del Señor se debe hacer siempre con excelencia atendiendo a sus justas y santas demandas.

Servir a Dios desde cualquier actividad debe hacerse siempre con todo el corazón. A algunos se les ha asignado una tarea distinta a todas las demás y debemos respetar las determinaciones que Dios ha tomado, pero lo que a nosotros nos ha tocado hacer lo debemos ejecutar con gozo y gratitud.

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