La bendición eterna

Dice la Biblia en Números 24: 25

“Entonces Balac dijo a Balaam: Ya que no lo maldices, tampoco lo bendigas.”

Balac, un rey Moabita, contrató a Balaam, un profeta gentil, para maldecir a Israel con la finalidad que fuera destruido. Balac hizo lo que muchas personas hacen: lanzar maldiciones contra sus enemigos para dañarlos. Balac no lo hizo por ignorancia, él sabía perfectamente que las imprecaciones pueden surtir efectos en los adversarios.

La historia que relata el libro de Números es sumamente aleccionadora en todos los países donde la hechicería, el ocultismo y los encantamientos y toda esa clase de desviaciones espirituales son muy comunes porque nos permite comprender que hay principios divinos inquebrantables.

Dios le había prometido casi 500 años antes a Abraham que la nación que fundaría a partir de él y su esposa Sara sería bendita y cinco siglos después vino la primera prueba y Dios cumplió cabalmente con su promesa. El Señor no permitió bajo ninguna razón que su pueblo fuera maldecido.

Balac le ofreció una fuerte suma de dinero a Balaam, que se convirtió de esa manera en el tipo o protipo de aquellos que hacen mercadería con los dones espirituales, para dañar Israel, pero en tres intentos por maldecirlos sus palabras trocaron en bendición para ellos porque Dios los protegió.

Fue justo en el segundo intento cuando Balac le pidió a Balaam que si no lo maldecía tampoco lo bendijera, pero eso era imposible porque Dios había hablado bendición sobre ellos y no podía arrepentirse ni cambiar de parecer.

La lección es sencilla: Dios nos ha bendecido. Nada podrá contra nosotros, salvo que nosotros por propia voluntad renunciemos a esa bendición. La desobediencia hace que la bendición se aleje y se atraiga toda clase de maldiciones a la vida y al hogar. Dios nos libre de semejante condición y nos de fuerza para serle fieles a nuestro Señor.

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