Los enviados tienen que perseverar

Dice la Biblia en Mateo 10: 22

Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; más el que perseveré hasta el fin, éste será salvo.

Introducción

Cristo les advirtió claramente a los discípulos que habría de enviar que serían aborrecidos por todos. Los enviados no podía esperar un trato afable de todos, debían estar preparados ante la oposición que padecerían en este mundo y ante el rechazo del mensaje y por supuesto de los mensajeros.

El escenario que enfrentarían sería de los más hostil o de los más complejo y a pesar de ello debían de perseverar. La palabra perseverar implica continuar, mantenerse y por consecuencia seguir y perseguir. Su término opuesto es detenerse o retroceder, en otras palabras poner un alto y pararse o hacer un alto.

La expresión “perseveré” procede de la raíz griega “hupomenó” que se usa unas 17 veces en el Nuevo Testamento que se utiliza también en Mateo 24: 13 para referirse a la actitud que debe prevalecer entre las personas que vivan durante el regreso de Cristo. También la encontramos en Marcos 13:13.

En Lucas 2: 43 se traduce como “quedarse” o “permanecer”. Como en Hechos 17: 14. En Romanos 12:12 se usa como “constante” y en 1ª Corintios 13: 7 se usa como “soportar” o “resistir”. En 2ª Timoteo 2: 10 se traduce de esa misma manera, pero en 2: 12 se traduce como “sufrir”.

Perseverar, entonces, es una actitud de resistencia ante cualquier eventualidad que se presente, incluso el sufrimiento.

Los enviados tienen que perserverar

I. A pesar de ser aborrecidos
II. Hasta el fin
III. Para ser salvos

I. A pesar de ser aborrecidos

El creyente va a ser aborrecido o si se quiere va a ser odiado. La gente sentirá tal repulsión a los hijos de Dios que la primer actitud que asumirán ante ellos será de odio y desprecio con tal fuerza que no solo los insultarán, sino que incluso los perseguirán y en algunos casos los matarán.

El odio al cristianismo y a sus practicantes es la demostración más clara de que este mensaje o el mensaje de las buenas nuevas es del cielo. La maldad no lo soporta y por eso lo odio y odia a sus mensajeros, como odiaron a Jesús los fariseos y escribas y procuraron su muerte con mentiras e infundios.

Nunca debemos sentir temor o miedo ante este tipo de circunstancias. No debemos de olvidar nunca que a nuestro Maestro así lo maltrataron. No debemos de perder de vista que él mismo nos dijo que en el mundo tendríamos aflicción, pero que confiáramos, que él había vencido al mundo.

II. Hasta el fin

Perseverar tiene un termino o un fin. Mantenerse firme, sin doblegarse o sin dejar de permanecer en la fe a pesar del odio irracional que se enfrentará es un imperativo para todos los creyentes. Nadie debe desmayar o renunciar a seguir en el camino ante los atropellos de quienes odian a los mensajeros de las buenas nuevas.

Un año, diez años, veinte años, no sabemos cuántos, pero debemos perseverar hasta acabar la carrera. Como Pablo que luego de unas cuatro décadas dijo con toda seguridad: He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. 2ª Timoteo 4: 7.

Cristo quiere que comprendamos que este camino no es de velocidad o de quien llega primero, sino de resistencia, es decir de aguantar y soportar hasta que él regrese o hasta que él nos recoja de este mundo que nunca será nuestro hogar y que nunca nos tratará bien porque su príncipe es el maligno.

III. Para ser salvos

El término salvación que usa este verso no se refiere a la salvación de nuestras almas, sino más bien a que será salvo de la tribulación que implica ser odiado. La razón para pensar o ver de esta manera este pasaje radica en el hecho de que la salvación del alma es un don de Dios y no una obra humana.

Si la salvación depende de lo que haga el ser humano, entonces deja de ser un hecho que nace de Dios y que concluye con Dios. La salvación es un regalo nacido del sacrificio de Cristo y de ningún modo depende de lo que haga o deje de hacer el ser humano, sin embargo eso no implica que puede vivir como sea o sin temor del Señor.

Los que perseveren hasta el fin serán salvos del sufrimiento o tribulación que implica ser odiados o perseguidos, particularmente durante los tiempos de la tribulación como vemos cuando este texto aparece idéntico en el sermón escatológico de Mateo 24-25 que más adelante veremos.

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