Vino nuevo en el regreso de Cristo

Dice la Biblia en Mateo 26: 29

“Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi padre.”

La versión Traducción al lenguaje actual de la Escritura traduce este verso de la siguiente forma: “Ésta es la última vez que bebo de este vino con ustedes. Pero cuando estemos juntos otra vez, en el reino de mi Padre, entonces beberemos del vino nuevo.”

La última cena fue el marco en el cual Jesús les expresó a sus discípulos la verdad de su partida y la completa certeza de su regreso. Su separación era inminente. En unas horas más sería detenido debido a la traición de Judas Iscariote y comenzaría su sufrimiento y dolor que terminaría con su vida en la cruz del calvario.

La pascua se celebra con vino como un recordatorio de la liberación del pueblo de Israel de la opresión egipcia. Se sacrifica un cordero en recordatorio del que los judíos sacrificaron en Egipto para que el ángel de la muerte no tocara a sus primogénitos como sí lo hizo con los opresores de esa nación. Esa celebración fue el preámbulo de la detención de Cristo.

Jesús les recordó a sus seguidores que retornaría para celebrar con ellos y beber el vino nuevo, pero ya en otras condiciones. Esa celebración sería en el reino de su Padre y nuestro Padre. Sería un festejo sin par porque en ese lugar no habrá tristeza ni más dolor, sino gozo y alegría.

El retorno de Cristo implica, entonces, para la iglesia redención y motivo de júbilo. De ningún modo implica tristeza o temor. Las señales que se vislumbran de su regreso deben procurar en su iglesia esperanza y regocijo porque tal como lo adelantó y anunció cada una de las señales se van cumpliendo inexorablemente.

Lo volveremos a ver y celebraremos con Él y festejaremos la consumación de su triunfo sobre el mal y el maligno. Lo haremos con mucho gozo porque habremos perseverado y llegaremos al cielo a regocijarnos con su presencia.

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