Jairo y su esposa y el amor a los hijos

Dice la Biblia en Lucas 8: 56 “Y sus padres estaban atónitos; pero Jesús les mandó que a nadie dijesen lo que había sucedido.”

Jairo y su esposa era un matrimonio con un estatus social alto. Él era el encargado de la sinagoga de Capernaum. Ese era un cargo de una gran relevancia porque además de suponer una alta responsabilidad demandaba de quien lo ostentaba cartas credenciales especiales. Buena fama, reputación incuestionable y capacidad económica.

No se sabe si la pareja tenía más hijos, pero los evangelios nos relatan el dolor y sufrimiento que padecieron ambos cuando su hija de apenas doce años enfermó gravemente. La medicina de aquel tiempo poco podía hacer ante males que consumían la vida de hombres y mujeres. Ese fue el caso de esta pequeña.

Después de varios días o tal vez semanas, no había alternativa médica. La niña languidecía y solo había un último recurso. Solo que ese recurso implicaba acercarse a ese maestro llamado Jesús, que algunos fariseos y escribas, compañeros de Jairo, ya comenzaban a ver con muy malos ojos.

La pareja tenía que decidir: hacer un último intento o dejar morir a su amadísima pequeña. Optaron por buscar a Jesús. Jairo salió corriendo a buscar a Jesús, mientras su esposa quedó en casa esperando que ocurriera un milagro. El milagro nunca llegó. La niña murió y para cuando llegó Jairo con Jesús, la gente lloraba a mares por la perdida de la niña.

Cristo dirigió entonces unas esperanzadoras palabras al matrimonio. Les dijo que la “niña sólo duerme” que provocó burlas entre los presentes y los ingresó al lugar donde estaba la niña. Le habló como si solo durmiera y la niña se levantó completamente sana. El revuelo fue general. El autor de la vida había devuelto la existencia a la hija de esa pareja.

Muchos niños murieron en esos días, pero la hija de Jairo y su esposa resucitó para demostrar que por más altos reconocimiento sociales que los hombres pueden alcanzar o por más elevadas glorias que se puedan tener, los hijos constituyen el bien más grande que una pareja puede tener.

Como esposos se pueden alcanzar muchas metas y se puede poseer bienes y tesoros, pero ninguno jamás podrá superar la herencia que el Señor ha dado en cada hijo. Luchar por ellos será siempre una tarea que quizá nos haga semejantes a Jairo y su esposa, dejar todo y seguir a Jesús.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: