La necesaria disciplina

Dice la Biblia en Mateo 18: 20

“Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.”

En sentido estricto este verso tiene relación directa con la disciplina en la iglesia. Son suficiente dos o tres personas para sancionar conductas pecaminosas entre los miembros de las congregaciones. Entre dos o tres pueden determinar quien tiene que ser expulsado de la convivencia de creyentes.

Cristo amaba a los pecadores, los buscaba, los perdonaba y los salvaba, pero siempre les advertía que no volvieran al pecado porque les podría venir algo peor de lo que habían padecido antes de llegar a sus pies. Cristo era intolerante con el pecado, lo señalaba, lo denunciaba y lo exhibía. Este verso contiene en esencia estos principios.

Pero el texto ha sido utilizado y es citado con frecuencia para animar a las iglesias en ciernes o los grupos pequeños de creyentes de la seguridad de la presencia de Cristo en medio de sus reuniones. Es un texto que alienta y fortalece la fe cuando la membresía de una congregación es escasa o mínima.

Sin embargo, su función esencial es enseñarle a los creyentes la imperiosa necesidad de disciplinar todas aquellas actitudes o pecados para evitar que la iglesia caiga en la complicidad o deje que entre sus filas se asiente la maldad de personas que extraviadas de la verdad hagan mofa de la santidad de la iglesia.

Son suficientes dos o tres personas para hacerle ver a esta clase de hombres o mujeres que las expectativas sobre su conducta frente al pecado son altas por parte de la iglesia. Se debe luchar contra el pecado, nunca se debe dejar de hacerlo. El fin de esta batalla o la renuncia a ella debe señalarse.

Por supuesto que estas dos o tres personas deben tener toda la autoridad para señalar a quien luego de una y otra exhortación, personal y colectiva no depone su actitud pecaminosa, sino que persiste en ofender a Dios y a los hermanos de la congregación.

Cristo nos recuerda que una iglesia sin disciplina es una iglesia que deshonra su nombre y en consecuencia sufrirá una disciplina personal del Señor. La disciplina que pueden proporcionar dos o tres lo evitará. Este texto nos recuerda que Cristo habita en la alabanza de su pueblo, pero también habita en la disciplina contra los pecadores sistemáticos.

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