Introducción a la Carta a los Colosenses

Pablo escribió esta carta desde la cárcel de Roma, en lo que fue su primer encarcelamiento, según coinciden la mayoría de los historiadores. La escribió a una iglesia que él no había fundado. Muy probablemente la congregación en esa ciudad, ubicada a unos 175 kilómetros al oriente de Éfeso, fue fundada por Epafras a quien menciona en su obra.

Colosas era una ciudad muy antigua. Tenía por lo menos unos cinco siglos de fundada cuando el evangelio llegó allí. Algunos piensan que su nombre es una deformación del termino “colosal”, es decir algo grande o inmensamente grande, pero no se tiene la certeza completa. Había sido muy importante, pero en tiempos de Pablo su importancia comercial había decaído.

La asamblea de creyentes surgió en esta ciudad integrada principalmente por gentiles o paganos cuando Pablo predicaba en Éfeso en su tercer viaje misionero. Es muy probable que también había judíos en ese lugar debido a que los descendientes de Abraham estaban diseminados prácticamente por todo el territorio de Roma.

Pablo no conocía a los miembros de la congregación y es probable que haya sido Epafras en una visita a Pablo en la cárcel quien le haya puesto en antecedentes de todo lo que sucedía en esa joven iglesia y el apóstol escribió su carta teniendo como marco las referencias que le dio su colaborador.

Es muy posible que Epafras había hecho labor misionera no solo en Colosas, sino en Laodicea y también Hierápolis, según se puede desprender del reconocimiento que Pablo hace al final de la carta sobre el interés que su colaborador tenía con los creyentes de esos tres lugares.

La Carta a los Colosenses fue redactada ante los graves peligros que la iglesia primitiva enfrentaba. Nunca hay que perder de vista que la iglesia se abría paso en medio de naciones paganas que vivían saturadas de idolatría. La cultura griega con todos sus filósofos permeaba a las congregaciones. Ni que decir del judaísmo que siempre se le oponía.

En cuatro capítulos y 95 versículos que conforman la epístola, Pablo desarrolla un pensamiento que quiere dejar bien en claro y desea con toda el alma que los hermanos de esa comunidad entiendan cabalmente: Cristo es superior a cualquier idea o pensamiento. La superioridad de Cristo resuena en toda la carta.

La persona y la obra de Cristo estaban siendo atacadas de tal forma que para algunos de los integrantes de esa congregación la cruz del calvario y resurrección habían sido insuficientes para lograr la salvación y era necesario añadirle o agregarle obras humanas o esfuerzo personal a la salvación gratuita de Cristo.

Pablo decide poner fin a esta clase de ideas escribiendo una carta que siempre será pertinente revisar, meditar, estudiar y reflexionar porque coloca a Cristo en el lugar que le corresponde: primacía, preponderancia, superioridad, preeminencia, altura, grandeza y excelencia.

La Cristología de Colosenses siempre nos ayudará a sustentar nuestra fe en el verdadero hombre, pero también en el verdadero Dios que es el Señor. Nos ayudará siempre también a evitar la tentación de robarle su supremacía y colocar en su lugar, pensamientos y obras de carácter meramente humano.

Dos fueron los errores que la iglesia de Colosas cometió y fue lo que obligó a Pablo a escribirles esta carta: 1. Dejaron que el púlpito fuera ocupado por maestros que utilizaban filosofías y huecas sutilezas para hacer creer a los hermanos colosenses que conseguirían el “verdadero conocimiento” a través de un conocimiento intuitivo para ser salvos.

Estos mismos maestros utilizaban expresiones como “los secretos” y “misterios” para atraer y seducir a los cristianos prometiéndoles conocer las profundidades de la verdad divina solamente utilizando su raciocinio. Algo que sonaba espiritual, pero que era una equivocación.

Junto con estos maestros, los judaizantes también hacían su labor, haciéndoles creer a los colosenses que creer en Cristo no era suficiente. Había que guardar ordenanzas y mandamientos de la Torá hebrea. Pablo les advierte que esas ordenanzas son “sombras de lo que habría de venir”.

La epístola presenta al Señor como todo suficiente. Lo presenta como superior a todo y a todos. La preeminencia de Cristo o su supremacía está fuera de toda duda. Su persona es la expresión de Dios. No es que nos acercara a Dios, sino que era Dios mismo revelado en la persona de Jesús.

La carta siempre será pertinente. Jamás será inoportuna y por lo que a nosotros corresponde nos resulta muy útil debido a las tergiversaciones y desviaciones que vemos en estos tiempos de internet. Los colosenses nos sirven de lección para saber que o Cristo es superior en la iglesia y vida o no. Ese es el único lugar respetable y aceptable para Él.

La era digital que nos tocó vivir, con enseñanzas equivocadas sobre la obra y persona de Jesucristo que se difunde rápida y extensamente vuelven sumamente indispensable el estudio de la Carta a los Colosenses para recordar una y otra vez la superioridad de Cristo en la iglesia y en la vida del creyente.

La virtud de la Carta a los Colosenses porque nos ubica con toda claridad ante la persona de Cristo. Su obra salvadora completa y la ineficacia de agregar obras humanas a su labor salvífica debe repetirse una y otra vez.

A la iglesia del siglo XXI siempre le resultará de bendición adentrarse en las páginas de esta carta porque le evitará la tentación de tomar prestado del mundo filosofías y del judaísmo tradiciones que si bien como dice Pablo tienen cierta reputación de sabiduría a la hora de lidiar con los apetitos de nuestra naturaleza caída poco o nada pueden hacer.

Y es que el peligro de hacer a un lado a Cristo y poner tradiciones humanas, pensamientos de hombre y buscar experiencias “místicas” o ir tras los misterios o profundidades de la revelación divina siempre acecharán a la iglesia y es deber de todos defender la pureza de la palabra de Dios.

Pero en la Carta a los Colosenses el creyente puede encontrar una base firme y segura de lo que es en Cristo. A lo largo de los cuatro capítulo encontramos de manera reiterada la expresión “en Cristo” o “en quien” para señalar la posición del creyente en relación con Cristo Jesús.

La supremacía o preeminencia de Cristo va acompañada de la condición en la que el creyente se encuentra. Pablo se goza escribiendo una profunda y esperanzadora verdad en medio de la incertidumbre del hombre sobre la tierra: Cristo en nosotros, la esperanza de gloria.

Carta a los Colosenses: La supremacía de Cristo

Introducción
I. En la creación
II. En el ministerio de Pablo
III. Sobre judaísmo y filosofías
IV. En la vida del creyente
Conclusión

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