Una vida con propósito

Dice la Biblia en Salmos 89: 47

“Recuerda cuán breve es mi tiempo; ¿por qué habrás creado en vano a todo hijo de hombre?”.

David se sintió angustiado. La angustia es un estado de ánimo en el que las personas se sienten solas, desesperadas, en completa incertidumbre de lo que ha de ser su vida. Miles de preguntas se agolpan en su mente y corazón. Si no encuentran respuestas su vida corre peligro porque se vuelve sin sentido la existencia humana.

David sintió esa emoción. A él le angustió el hecho de saberse breve en este mundo. Saber que moriría irremediablemente le llevó a ese estado. Acostumbrado a ver morir a mucha gente, el rey de Israel se dio cuenta que él mismo tenía contados sus días y entonces cayó en la desesperación.

Solo que David condujo ese estado de ánimo al Señor. Angustiarse forma parte de la experiencia humana. La diferencia entre una y otra persona consiste en quedarse con la angustia o llevarla ante Dios. David hizo lo segundo y fue liberado como nosotros seremos liberados si esa frustración la llevamos ante el Señor.

Saber que somos muy breves en esta tierra a algunos los llena de desesperanza porque suponen que la vida es vana, puesto que no pueden detener el paso inexorable del tiempo y en un abrir y cerrar de ojos han pasado de la infancia a la vida adulta y luego a la vejez produce en ellos desánimo.

David sabía perfectamente que le esperaba la presencia de Dios a su muerte, pero en un momento de debilidad se enfrascó a razonar y pensar sobre su paso en la tierra y eso lo condujo a la desesperación que llega cuando se sabe que toda vida tiene un fin y este nunca se sabe cuando vendrá.

La respuesta la interrogante que dirige a Dios en el verso que hoy meditamos es un contundente “no”. Dios le dio y le da propósito a la vida de cada persona que llega a este mundo. Nadie llega por accidente o por equivocación. El único detalle es saber perfectamente para que estamos en la tierra.

Una vez que una persona sabe por qué está en esta vida, cada una de sus acciones tendrá sentido y cuando el tiempo de su partida llegue sabrá que ha cumplido con el plan de Dios para el cual estuvo entre los vivos. Podrá decir como el poeta mexicano Amado Nervo escribió: “Vida, nada me debes! Vida, estamos en paz!

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