Introducción al Salmo 110

Dice la Biblia en Salmos 110:

Jehová dijo a mi Señor: siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. 2 Jehová enviará desde Sion la vara de tu poder; domina en medio de tus enemigos.  3 Tu pueblo se te ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder, en la hermosura de la santidad. Desde el seno de la aurora tienes tú el rocío de tu juventud. 4 Juró Jehová, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec. 5 El Señor está a tu diestra; quebrantará a los reyes en el día de su ira.  6 Juzgará entre las naciones, las llenará de cadáveres; quebrantará las cabezas en muchas tierras.  7 Del arroyo beberá en el camino, por lo cual levantará la cabeza.

Introducción

El salmo 110 es un salmo mesiánico. Un salmo que ofrece lo que ha de ocurrir cuando reine el Mesías sobre Israel y sobre todo el mundo. Fue compuesto por David y por algunos de los versos parece que fue utilizado para celebrar la asunción como rey de Israel de su hijo Salomón.

Es una pieza muy breve, pero muy profunda porque muchas de sus porciones son utilizadas en el Nuevo Testamento. Jesús empleo la frase “Jehová dijo a mi Señor: siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies”, que citan los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas.

Lo hizo para hacerles ver que ese texto se refería a él. Su estudio es, entonces, muy relevante para comprender el carácter de Cristo durante su primer advenimiento. Confirma esta verdad el hecho de la mención que se hace del sacerdote Melquisedec, lo que confirma el oficio sacerdotal de Cristo.

El salmo 110 menciona dos de los oficios de Cristo: el de Rey y el de Sacerdote con los que se presentó ante sus compatriotas que no comprendieron ni entendieron. El solo hecho de mencionar el texto del salmo 110 que sabían que se refería al Mesías los debió alertar sobre la persona de Jesús, pero no pudieron hacerlo.

El gobierno del Mesías se plantea con toda claridad en este salmo. Pero inicialmente debemos atenderlo como una oración escrita por David para establecer los alcances del gobierno del Salomón su hijo, producto de su relación con Betsabe. Con todos los errores en lo que cayó Salomón, el reino de Israel alcanzó su máxima extensión.

También alcanzó un esplendor con la construcción del fastuoso templo de Jerusalén que nunca más ha vuelto a tener la nación hebrea. Todos sus enemigos fueron subyugados tal y como David lo advirtió al componer este salmo de apenas siete versículos, pero de una intensidad profética impactante.

Como ningún otro pasaje de la Escritura, este salmo conecta de una manera importante el Antiguo y Nuevo Testamento. La conexión ocurre justamente porque Cristo lo utiliza para decir abiertamente que se refiere a Él. Según podemos leer en Mateo 22: 43, Marcos 12: 35-37 y Lucas 20: 41-44.

Ocurre exactamente lo mismo que con el pasaje de Isaías 61: 1-2 que Cristo utiliza en Lucas 4: 18-19 para referirse o para señalar que el texto se refiere a su persona y que ante los ojos de los hebreos esa Escritura se está cumpliendo. De allí la importancia del salmo porque nos revela ángulos de la personalidad de Cristo.

También es lo mismo que ocurre con el pasaje de Joel 2: 28-32 que Pedro utiliza en el libro de Hechos para explicar la llegada del Espíritu Santo a la tierra. Es la interpretación que el Espíritu Santo hace de pasajes que los judíos no vislumbraban.

El salmo 110 que nos ocupará las semanas que siguen nos conduce o nos dirige a una revisión exhaustiva de las funciones de Cristo como Rey y su relación con el linaje de David y también su labor u oficio como Sacerdote, según el orden de Melquisedec, lo que nos llevará por el libro de Génesis y Hebreos.

Pero como he mencionado párrafos arriba, es indispensable para una correcta interpretación del salmo aplicarlo en primerísimo lugar el fin que el que se hizo y luego ubicarlo como un texto que se refiere al Mesías e interpretarlo bajo la luz del Nuevo Testamento.

El reinado del Mesías sobre la tierra

I. Con la derrota de los enemigos

II. Con autoridad completa sobre sus enemigos

III. Con la entrega completa de su pueblo

IV. Con la designación irrevocable del sacerdocio

V. Con la victoria completa sobre sus enemigos

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