Los enviados deben renunciar a sus afectos familiares

Dice la Biblia en Mateo 10: 37-38

El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no digno de mí. Y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí.

Los enviados deben renunciar a sus afectos familiares

I. Porque amar más a padre o hijos es indigno
II. Porque no tomar la cruz es indigno

Introducción

Los enviados deben renunciar a sus afectos familiares para cumplir con su labor de promotores del evangelio de Cristo. Es de tal importancia su labor que nada ni nadie puede interponerse entre la proclamación de las buenas nuevas y su determinación por cumplir con la voluntad de Dios.

Prescindir del afecto a nuestros seres queridos es una de las demandas más difíciles que el creyente puede tener. Cristo le dice a sus enviados que sus relaciones familiares se deben supeditar a sus relación con Dios. Es decir, tiene mayor prioridad llevar el evangelio de Cristo que nuestros sentimientos hacia nuestros padres o hijos.

Justo en ese mismo nivel se ubica el sufrimiento o “tomar la cruz”, que es una referencia o una forma de llamar a la tribulación que padeció Cristo en el ámbito familiar. Él apreciaba a su madre terrenal, pero tenía que ir a la cruz a pesar del gran dolor que le causaba a María, quien lo acompañó en todo momento.

Tomar la cruz desde entonces ha sido y es sinónimo o símbolo del sufrimiento extremo, de esa clase de dolor que nace por hacer el bien y al que difícilmente se puede renunciar porque forma parte de la disciplina que Cristo le impone a sus seguidores para formar su carácter.

Cristo expresa con toda claridad la exigencia hacia sus seguidores: debemos imitarlo en su sufrimiento. Las horas dolorosas en su tribulación al Gólgota son las mismas que nos tocarán llevar y debemos hacerlo justo como Él lo hizo, con resignación y con confianza en que Dios sabrá siempre lo que es mejor para nosotros.

I. Porque amar más a padre o hijos es indigno

Cristo le pidió a sus apóstoles o enviados que priorizarán sus afectos y que lo colocaran a Él como lo más importante y lo más valioso.

Es una definición o una decisión que requiere mucha madurez porque implica hacerlos a un lado si estamos en la disyuntiva de escoger entre ellos o predicar el evangelio. Debe entenderse bien, solo aplica cuando hay ese dilema. De no existir esa condición, los hijos deben ver siempre por los padres.

Amar más a los hijos o amar más a los padres que nuestra responsabilidad de proclamar el evangelio del Señor resulta indigno.

El dolor por la familia solo Cristo lo puede entender porque Él lo vivió. Sabe que podemos hacerlo por eso nos lo pide. La palabra “digno” que utiliza la versión Reina Valera 1960 procede de la raíz griega “axios” que se traduce sencillamente como congruencia o igualdad entre dos cosas para que tengan el mismo peso.

El término es usado en sentido negativo, lo que nos permite establecer el uso que le esta dando. Resulta incongruente que alguien ame más a sus hijos o a sus padres que a su obligación de llevar las buenas nuevas.

II. Porque no tomar la cruz es indigno

Pero para los seguidores de Cristo es una incongruencia enorme rechazar la cruz de Cristo. Evadir los sufrimientos por el Señor constituye una negación misma a la fe porque el maestro que seguimos sufrió y padeció para salvarnos y al evitarlo o rechazarlo lo único que estamos haciendo es renunciar a la esencia del evangelio.

Una y otra vez Cristo les dijo a sus discípulos que debían llevar su cruz, que debían de aceptar el sufrimiento como parte del plan que Dios tiene para cada uno de sus hijos y no huir de las tribulaciones.

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