Salmo 103: 13- 16 A pesar de nuestras debilidades, se compadece 

III. Porque a pesar de nuestras debilidades, se compadece 

A. Como un padre con su hijo

B. Al conocer nuestra condición

C. Al saber nuestra brevedad sobre la tierra

Salmos 103: 13- 16

13 Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen.  14 Porque él conoce nuestra condición; se acuerda de que somos polvo.  15 El hombre, como la hierba son sus días; florece como la flor del campo,  16 que pasó el viento por ella, y pereció, y su lugar no la conocerá más. 

Introducción

David explica por qué Dios actúa con tanta compasión hacia el pueblo de Israel, pero también con el propio David. En el verso 14 el se incluye claramente entre todo el pueblo de Israel. La frase “el conoce nuestra condición” nos señala claramente que David forma parte o es objeto de la compasión divina.

Dios actúa con mucho amor hacia sus hijos y hacia su pueblo porque sabe perfectamente o conoce cabalmente lo que hay al interior de cada uno de nosotros. Él sabe nuestro diseño. Él fue quien nos fabricó, quien nos moldeó y quien puso en nosotros lo que somos, pero también sabe que el pecado nos afectó gravemente.

La misericordia de Dios se produce o reproduce constantemente porque el Señor no olvida que sus creaturas tienen debilidades e inclinaciones hacia el mal muy marcadas. Su amor es una demostración y una prueba irrefutable de su gran bondad y de su esperanza que los seres humanos o su pueblo le devolvamos con gratitud y bendición ese trato especial.

A. Como un padre con su hijo

La mejor metáfora que nos explica el amor de Dios hacia nosotros es justamente la de un padre hacia su hijo. Antes de comenzar es necesario establecer con toda claridad que estamos hablando de un padre cercano y amoroso. Esa clase de padre conoce perfectamente a su hijo o a sus hijos.

Un padre de esta naturaleza es un padre que atiende las necesidades de sus hijos. Es esa clase de papá que Jesús presentó muchas veces en sus ilustraciones cuando hablo de la paternidad divina. Por ejemplo cuando dijo “Si vosotros siendo malos sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, cuanto más vuestro padre espiritual…”.

Pero quizá la parábola por excelencia para hablar del padre es la del “Hijo pródigo”. En Lucas 15: 11-32 encontramos este relato que Jesús utilizó para hablar del amor de un padre. Un padre que deja que su hijo experimente, pero al que nunca deja de amar por más extraviado que se encuentre.

David sintetiza de una manera muy clara la razón por la que Dios actúa así con su pueblo. Porque los ama como un papá ama a su hijo y por ello los perdona y olvida todos sus agravios, siempre que acuden a Él con respeto a suplicarle su perdón y ayuda en las adversidades.

La palabra compasión que usa David es justamente la palabra “rajem” que ya hemos estudiado y que significa el amor de Dios que nace de las entrañas o entrañable, profundo, intenso como el que le pródiga una madre a sus vástagos o retoños.

La repetición de la expresión “compadece” expresa la intensidad de la idea. Dios quiere subrayar esa manera en que se relaciona con sus pueblo, pero en particular con aquellos que le temen. El temor a Dios es respeto, es brindarle honor a quien honor merece y Dios es digno y merecedor de toda honra y toda gloria.

B. Al conocer nuestra condición

Dice la Biblia en el salmo 103: 14 “Porque el conoce nuestra condición; se acuerda de que somos polvo.”

La palabra conocer procede de la raíz hebrea “yadá” que se traduce como saber, conocer, descubrir, discernir. Cuando el salmista dice que Dios sabe o conoce nuestra condición, se refiere a un conocimiento profundo o un saber exacto que solo Dios puede tener en todas las materias.

Al referirse al ser humano queda claro que Dios sabe o entiende totalmente la situación del ser humano. Dios sabe o Dios conoce la naturaleza humana como nadie más. Sabe de sus debilidades y sus fortalezas. Sabe de lo que puede ser capaz tanto para lo bueno como para lo malo.

Nadie puede conocer mejor al ser humano que Dios pues Él lo diseñó. El tiene muy bien conocido cada una de las partes que conforman a cada individuo y a la hora de tratar con él distingue claramente la situación que tiene frente así y no puede ser sorprendido por nadie porque todo lo conoce.

La frase “somos polvo”, que algunas otras versiones traducen como “somos barro”, apunta directamente al origen del hombre, pero también hacia quien le dio y le da sustento. El hombre es nada en realidad. Vive porque Dios sopló aliento de vida en él. De otra manera sería justamente polvo.

C. Al saber nuestra brevedad sobre la tierra

Los versos 15 y 16 de este salmo dicen así: “El hombre como la hierba son sus días; florece como la flor del campo, que pasó el viento por ella, y pereció, y su lugar no la conocerá más.”

Es inquietante la siguiente traducción de este texto de la Nueva Versión Internacional de la Escritura: “El hombre es como la hierba, sus días florecen como la flor del campo: 16 sacudida por el viento, desaparece sin dejar rastro alguno.”

Esta segunda metáfora para comparar al hombre con la hierba y con la flor o las flores si se quiere, resulta simplemente inquietante porque lo ubica en su justa dimensión. Es breve, temporal, de corta duración sobre este mundo. El hombre perdió su eternidad con el pecado de Adán y ahora es finito.

Este aspecto de la vida del ser humano lo usa el salmista para hacernos ver que nada sorprende a Dios del ser humano porque tiene completamente medidos sus días. Sabe que es como un poco de niebla que aparece un rato, pero que luego se desvanece.

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