Salmo 103: 17-19 A pesar de que somos breves, su misericordia es eterna 

IV. Porque a pesar de que somos breves, es eterna

Dice la Biblia en Salmos 103: 17-19

17Más la misericordia de Jehová es desde la eternidad y hasta la eternidad sobre los que le temen, y su justicia sobre los hijos de los hijos; 18sobre los que guardan su pacto, y lo que se acuerdan de sus mandamientos para ponerlo por obra. 19Jehová estableció en los cielos su trono, y su reino domina sobre todos.

Introducción

Bendecimos la misericordia de Dios porque a pesar de que somos breves, es eterna. El amor de Dios no nació un día y puede morir otro. El salmista esta convencido de que la bondad infinita del Creador no tiene principio ni fin que ha existido desde siempre y que en consecuencia no tiene fecha de caducidad.

Si en los versos anteriores nos habló de su tamaño o grandeza, en estos versos nos quiere dirigir hacia su duración o el tiempo de su existencia y aplicación para apaciguar nuestro corazón ante nuestra brevedad, nuestra temporalidad en la vida y nuestra transitoriedad en este mundo.

Pero también quiere precisar claramente hacia quien va dirigida esa compasión y bondad. El compromiso de su amor no es para quien no lo busca o desea, sino para aquellos que apelan a esa promesa divina de amarlos con amor eterno. Su bondad común es para todos, pero su gracia eficaz es solo para quienes lo buscan.

Su piedad será para los que temen su nombre, guardan su pacto y se acuerdan de sus mandamientos para ponerlos por obra. Ellos pueden confiar que la misericordia de Dios será para con ellos, pero también para con sus hijos si estos también se acercan a Dios porque Dios es eterno y está más allá de una sola generación.

Cuando el salmista plantea la misericordia de Dios como algo eterno, lo que esta comunicándonos es que Dios es misericordia. No es que tenga compasión. Él es la representación misma de la piedad y bondad. Nunca termina su amor porque no tuvo un principio. Desde que Dios existe, existe la bondad o su bondad.

El salmista nos recuerda el trato que Dios tiene para con su pueblo y sus hijos. Es un trato de bondad y compasión.

La misericordia de Dios para ser completa debe acompañarse de la justicia. Así lo establecen los versos que estudiaremos. Esa misericordia nos acompaña en la breve existencia que tenemos frente a la eternidad de Dios. La compasión divina se dirige exclusivamente a ciertas personas.

IV. Porque a pesar de que somos breves, es eterna 
A. Siempre acompañada de su justicia

B. Dirigida a personas especificas
1. Los que le temen
2. Los que guardan su pacto
3. Los que ponen en obra sus mandamientos

C. Porque Dios gobierna sobre todos

A. Siempre acompañada de su justicia

El amor de Dios o la misericordia de Dios va acompañada siempre de su justicia. Los rabinos judíos sostienen que este mundo se sostiene a base de amor y justicia, como dos columnas del mismo tamaño. El amor de Dios es su compasión manifestada con sus creaturas para perdonarlas y auxiliarlas en su lucha contra el pecado.

Pero su justicia es la retribución que merecen los actos de los creyentes. Él recompensa o castiga. Premia todos y cada uno de los actos de bondad, pero sanciona la desobediencia y la maldad de los creyentes en una primera instancia o en un primer grupo de personas con las que trata.

Pero su misericordia y su justicia igual aplica con las personas que no lo conocen. A pesar de no saber de él y de ignorar su voluntad él hace salir el sol sobre malos y bueno y hace llover sobre justos e injustos esa es su gracia eficaz sobre todos, pero de igual manera aplica su justicia cuando han sobrepasado la maldad.

El amor de Dios o su misericordia tiene un límite que el mismo hombre establece. Su bondad puede ser disfrutada siempre y cuando se camina en su senda, pero el pecado reiterado nos aleja y trae juicio sobre nuestra vida. Allí aplica su justicia. Pensar en un Dios que solo ama y no sanciona o no aplica su justicia es algo totalmente equivocado.

B. Dirigida a personas específicas

La misericordia de la que habla el salmo 103 va dirigida a determinadas personas. No es para toda la humanidad o todas las personas. La conducta juega un papel importante a la hora de saber hacia quienes dirige esta clase de amor. Ese amor que rescata de la tumba nuestras vidas o ese amor cuya grandeza se mide del cielo a la tierra.

1. Los que el temen

La primer característica de los que son objetos de la bondad infinita de Dios es que le temen. El temor a Dios es una de las grandes aspiraciones de todos los hombres justos del Antiguo Testamos.

Esta virtud consiste esencialmente en respetar y honrar el nombre de Dios en cada uno de nuestros actos de la vida. Temor tiene relación con miedo, pero no con terror o espanto. Dios se le teme, respeta y se conduce uno con miedo o temor de su voluntad para agradarle siempre.

El hombre temeroso de Dios lo encontramos ejemplificado justamente con hombre como Job, Moisés, Elías, Eliseo y muchos más que honraron al Señor siempre y sus vidas se ajustaron siempre a las demandas que el Señor exige para quienes le siguen y sirven con todo su corazón.

2. Los que guardan su pacto

Tenemos un Dios de pactos. Dios hizo pactos con hombres como Abraham, Noé, David, solo por citar algunos personajes, siempre con promesas y con demandas para ellos.

Un pacto es un convenio o un acuerdo. Es un manera de relacionarse entre dos personas en las que se obligan a hacer algo o no hacer algo. A una parte le corresponden ciertas obligaciones y a la contraparte otra. De igual modo en lo relacionado a los derechos para cada una de las partes.

David señala que una de las personas que son objeto de la misericordia de Dios es o son aquellos que guardan su pacto, es decir se mantienen firme en el compromiso que hicieron con Dios, independientemente si han recibido de Dios lo que les prometió o no. Ellos siguen firmes en la promesa que le hicieron a Dios.

Esta clase de personas son aquellas que se mantienen fieles a pesar de que lo prometido aún no llega o lo que Dios les dijo que haría aún no ha sido hecho. Son hombres a prueba de paciencia. Siguen a Dios porque así se comprometieron y lo hacen con toda sinceridad cada día de sus vidas.

3. Los que ponen por obra sus mandamientos

La obediencia a Dios juega un papel fundamental para conocer el amor de Dios. Obedecer a Dios es el eje principal para disfrutar de su amor. Al poner en obra sus mandamientos estamos dejándonos conducir por Dios.

En la Torá o los cinco primeros libros de la Biblia encontramos 613 mandamientos. Unos positivos y otros negativos. Al ponerlos por obra los hebreos alcanzaban el favor de Dios.

C. Porque Dios gobierna sobre todos

Dice la Biblia en Salmos 103: 19 “Jehová estableció en los cielos su trono, y su reino domina sobre todos.”

Este enunciado establece con toda claridad la facultad y el derecho que Dios tiene de gobernar al mundo. En primer lugar en los cielos está su trono. Dios es rey. Un rey disponía conforme a sus deseos no solo las propiedades de sus súbditos, sino aún de sus vidas, sin que nadie pudiera decir nada.

Dios gobierna el mundo y lo hace porque tiene el poder. David lo recuerda para hacernos ver que ante Dios debemos ser humildes y sencillos porque basta con una orden suya para que nuestra vida acabe.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: