Ayuda para obedecer la palabra de Dios

Dice la Biblia en Salmos 119: 173 “Esté tu mano pronto para socorrerme, porque tus mandamientos he escogido.”

La versión de la Biblia al lenguaje actual traduce este verso de la siguiente forma: “Ven y tiéndeme la mano, pues he decidido obedecerte.” Con lo que clarifica mucho lo que el salmista le está pidiendo a Dios al tomar la determinación de obedecer los mandamientos y preceptos contenidos en la Escritura.

Y es que someterse a la voluntad de Dios no está exento de dificultades, problemas, tribulaciones, adversidades, sufrimiento. Acatar las disposiciones que el Señor ordena en la revelación escrita tiene sus dificultades y problemas porque nos confronta con nosotros mismos, luego con el mundo y finalmente con el maligno.

Obedecer a Dios es una lucha porque nuestra inclinación maligna o nuestra naturaleza caída se oponen y se resisten a someterse y cuando hemos logrado sujetarlas a las demandas de Dios, comienza la oposición externa que quiere hacernos desistir de poner en manos de Dios nuestras vidas.

Son esos momentos de gran dificultad que hacen que el salmista apele a la ayuda divina para seguir sujeto a los requerimientos de Dios. La situación que se vive es de gran peligro porque desobedecer a Dios siempre trae consigo consecuencias negativas para la vida del creyente, por eso el salmista pide que se le ayude rápidamente.

El autor del texto que hoy reflexionamos sabe perfectamente que sin el auxilio divino será muy difícil cumplir con la voluntad de Dios porque quien se decide a obedecer a Dios enfrentará una serie de trabas y hostilidades que intentarán hacerle tropezar y descarrillarle del camino del Señor.

Por ello su clamor para que Dios lo ayude y lo sustente. El anhelo del autor del verso es que siempre se mantenga haciendo lo que Dios establece en su palabra para alcanzar el propósito de su vida.

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