El saludo apostólico a los Colosenses

Dice la Biblia en Colosenses 1:1-2

Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo, a los santos y fieles hermanos en Cristo que están en Colosas: Gracia y paz sean a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

Introducción

En todas sus cartas el apóstol Pablo saluda a sus remitentes y desde allí marca la pauta de lo que será su misiva y por ello siempre resulta importante conocer el sentir del apóstol desde que comienza su mensaje hacia los hermanos, en este caso a los creyentes de la ciudad de Colosas.

El tono de lo que habrá de escribir y del cómo lo habrá de decir se perfila desde sus primeras palabras y en el caso de la Carta a los Colosenses que estamos estudiando nos resultará muy útil para comenzar nuestra revisión de esta obra que tiene como propósito fundamental demostrar la superioridad de Cristo.

No debemos perder de vista que Pablo conjuga dos culturas o escribe desde la perspectiva cultural de romanos y hebreos. Los judíos tenían todo una ceremonia para saludar y expresar su beneplácito por encontrarse o reencontrarse con familiares y amigos y ni que decir de los romanos que aunque sin alcanzar el grado de los hebreos también saludaban.

Pablo quiere dejar desde el principio el tono de la epístola y revisar el saludo que les envía nos hará comprender la visión que Pablo tenía sobre los integrantes de la iglesia, el modo de resolver un problema o un error doctrinal y sobre todo que a pesar de la equivocación de algunos miembros, saludarlos respetuosamente fue parte siempre de su práctica.

 

I. El saludo apostólico

A. De Pablo y Timoteo

B. A los hermanos de Colosas

  1. Santos
  2. Fieles

C. Con dos deseos

  1. Gracia
  2. Paz

Síntesis

 

A. De Pablo y Timoteo

La carta comienza con una breve presentación del apóstol Pablo. En unas breves palabras el autor de la carta se presenta como un enviado de Jesucristo para dejar en claro que su labor o misión tiene el mismo estatus que el de los 12 apóstoles o enviados por Cristo a anunciar su mensaje.

No se trata de una actitud pretenciosa, más bien de una credencial para manifestar la razón por la que les escribe. La palabra “apóstol”, procede del griego “apostolos” que se traduce simplemente como enviado o como representante de otra persona, es decir una especie de embajador.

Pablo dice que es justamente un enviado de Jesucristo, pero dicha determinación no nació de sí mismo, ni de otros, sino de la voluntad de Dios. Lo que hace, entonces, surge no por su deseo o su fuerza o su vigor, sino porque es Dios quien decidió que su vida fuera dedicada a anunciar el evangelio de Cristo.

Pablo quiere dejar bien en claro que su misión de vida o el propósito de su existencia como apóstol es un trazo de Dios o un proyecto divino en el que ha decidido participar y poner su mejor empeño. No se trata de algo que haya nacido de su persona o que haya surgido porque es bueno. No. Es un despliegue de la soberana voluntad de Dios.

La voluntad de Dios juega un papel sumamente importante en la vida del apóstol, como debe jugar en nuestra vida también. Pablo está enrolado en la tarea evangelizadora por la voluntad de Dios. La palabra “voluntad” que usa en este texto procede de la raíz griega “télhema” que es muy importante conocer.

Télhema es el deseo de Dios. Pablo supo de pronto que Dios tenía un deseo para su vida. La palabra se utiliza también para expresar la idea de una oferta o alguien que oferta algo y es necesario que a quien se lo oferta decida. La voluntad de Dios o su deseo es así o fue así en el caso de Pablo, le propuso ser apóstol y él accedió.

La voluntad de Dios en la vida de los colosenses y en nuestra vida sigue el mismo patrón: Dios nos presenta una oferta: seguirlo y obedecerlo. Está en cada uno de nosotros responder afirmativamente o decirle sí. A lo largo de la carta vamos a descubrir que Dios ha hecho muchas cosas por nosotros, pero que a nosotros nos corresponde hacer otras.

Un ejemplo de ello lo podemos encontrar en la historia de la resurrección de Lázaro, Cristo ordenó que quitarán la piedra, luego resucitó y posteriormente le pidió otra vez a quienes estaban con él que lo desatarán. Cristo hizo lo más complicado, pero lo que le correspondía hacer a los demás lo tenían que hacer ellos mismos, no Cristo.

En su saludo, Pablo menciona a Timoteo, su colaborador que conoció en su segundo viaje misionero y que se convirtió en su mano derecha a tal grado que llegó a llamarlo su hijo espiritual que le servía a él y al evangelio con un ánimo idéntico al del propio apóstol y eso lo hizo en una persona de mucha confianza.

Timoteo fue hijo de una piadosa mujer llamada Eunice y un gentil griego del que no se nos dice nada. Lo conoció en Derbe y Listra donde vivía con su mamá y su abuela Loida y lo acompañó desde ese día y hasta el final de su vida de Pablo. Le era una persona de mucha cercanía.

B. A los hermanos de Colosas

Pablo saluda a los hermanos de Colosas llamándolos de esta forma que resulta de considerarlos hijos de Dios. La palabra hermano procede del griego “adelfos” para señalar la relación estrecha y familiar que debe existir entre los integrantes de la iglesia. Pablo trata de hacernos ver que tenemos una relación unos con otros a partir de Cristo.

  1. Santos

Los integrantes de la iglesia de Colosas eran santos. La palabra “santos” procede de la raíz griega “hagios” que se utiliza para referirse a Dios, a lugares y en este caso a personas. Los colosenses son santos, independientemente de sus fallas doctrinales y de práctica, Dios los considera santos en razón de que Dios, que es santo, los llamó.

A su respuesta positiva, el Señor los apartó y por esa razón ahora son santos o consagrados que es el sentido también de la palabra “hagios”. Algo que era profano o que es profano, pero merced a la misericordia de Dios se vuelve sagrado, consagrada, apartado o dedicado a una actividad relacionada con Dios.

Los colosenses era santos. Cuando ellos oyeron esta palabra supieron o entendieron que Dios los había llamado y por ese llamamiento los había convertido en hombres y mujeres consagrados a él. Debían entonces conducirse de acuerdo a su nueva condición y no a la anterior.

Para muchos esta expresión es difícil de entender porque Pablo los llama santos y para algunos puede crear conformidad, pero la intención de Pablo y de Dios por supuesto es recordarle a sus hijos que por su condición de santos deben vivir piadosamente perfeccionado cada vez más su vida, no quiere decir que se queden como están.

  1. Fieles

Además de santos, los colosenses eran fieles. Les llama a fieles a quienes se habían equivocado o habían sido arrastrados a un error doctrinal, en una clara manifestación de que quien se equivoca no necesariamente deja de ser visto con amor y compasión por parte de Dios.

La palabra fiel que usa aquí el apóstol, procede de la raíz griega “pistos” que es una expresión bien interesante por el uso que se le daba en la cultura romana prevaleciente en esos días. Una persona fiel era alguien que se mostraba digna de confianza a la hora de celebrar una transacción comercial.  

O también para referirse a alguien que cumplía sus obligaciones militares con diligencia y con responsabilidad lo que lo convertía en una persona confiable a quien se le podían asignar otras responsabilidades debido a que podía llevarlos a cabo con toda celeridad y ejecutará tal como se le ha pedido.

Ese es el sentido que le da Pablo le da a la palabra cuando la dirige a los colosenses. Ellos eran dignos de confianza. En la carta desarrolla esta idea cuando les escribe señalando su condición de personas que se aferraron al evangelio de tal manera que dieron testimonio de su conversión.

C. Con dos deseos

Pablo saluda a la iglesia de Colosas con dos deseos o dos anhelos en su corazón pastoral. Dos expresiones que utiliza en casi todas sus cartas.

  1. Gracia

La palabra gracia significa sencillamente “favor inmerecido”. Su sentido es también regalo o presente que se le da a una persona, aún sin merecerlo. Pablo quiere que sus lectores disfruten del favor o compasión divina porque esa condición los mantiene ligados a su iglesia y su obra.

La gracia de Dios es la manifestación de su amor incondicional. Es un estado en el que el creyente debe permanecer porque le garantiza el acompañamiento del Señor en todo momento, particularmente en aquellos que son difíciles o en los que el dolor o sufrimiento toca su existencia.

Fuera de la gracia de Dios, la vida del creyente se puede convertir en un verdadero suplicio porque está completamente abandonado a este mundo que es cruel y despiadado con todos.

  1. Paz

La palabra griega para “paz” es “eirene”. Es una expresión que va más allá de un estado de tranquilidad emocional o calma interior. La palabra eirene en griego o paz en español es una condición donde no hay ira o guerra.

Es de las palabras que Pablo usa cotidianamente en sus cartas para desearle a sus lectores armonía y concordia de Dios. Pablo sabe que la única fuente de esta clase de paz es justamente Dios.

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