La parábola de los dos deudores

Dice la Biblia en Mateo 18: 23 “Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos.”

Para resaltar la importancia el perdón y clarificar la forma y modo en que quería que sus discípulos entendieran esta fundamental enseñanza del cristianismo, Jesús recurrió a una parábola que la versión Reina Valera 1960 titula “los dos deudores” y que ilustra de manera formidable lo que Cristo espera de sus seguidores en esa materia.

En el versículo anterior recién le había dicho a Pedro que se tenía que perdonar no siete veces sino setenta veces siete, es decir siempre y de manera constante para mantener limpio el corazón y purificada el alma de ese lastre que resulta la falta de perdón en la vida de las personas.

Los dos deudores representan el ejemplo más acabado de cómo se debe pedir perdón y como se debe perdonar. El ejemplo es claro y nítido. Se deben olvidar las ofensas de raíz y hacer de cuenta que nada ha ocurrido lo que redundará no tanto en beneficio de quien ofendió sino de la persona que fue dañada.

Jesús enfatizó demasiado en esta enseñanza porque forma parte fundamental del ser cristiano. El perdón es la esencia de la fe evangélica porque Cristo perdonó a todos sus pecados y espera que sus seguidores tengan la capacidad de perdonar a quienes los ofende imitando a su Señor.

El rencor y el resentimiento nada logran, por el contario dañan el alma y la vuelven vulnerable a males que a larga terminan por dañar a los hijos de Dios porque introduce en su ser pensamientos y actitudes que en lugar de hacerles crecer espiritualmente los mantienen como bebés espirituales.

Repasar una y otra vez esta parábola nos auxiliará en la difícil tarea de perdonar y derrotar nuestro orgullo que se siente ofendido, a veces con cosas mínimas y nos lleva a tomar actitudes que para nada desea Cristo que asumamos porque en lugar de glorificarle le avergüenzan.

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