La oración apostólica por los Colosenses

Dice la Biblia Colosenses 1: 3-8

3 Siempre orando por vosotros, damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo,  4 habiendo oído de vuestra fe en Cristo Jesús, y del amor que tenéis a todos los santos,  5 a causa de la esperanza que os está guardada en los cielos, de la cual ya habéis oído por la palabra verdadera del evangelio, 6 que ha llegado hasta vosotros, así como a todo el mundo, y lleva fruto y crece también en vosotros, desde el día que oísteis y conocisteis la gracia de Dios en verdad,  7 como lo habéis aprendido de Epafras, nuestro consiervo amado, que es un fiel ministro de Cristo para vosotros,  8 quien también nos ha declarado vuestro amor en el Espíritu.

Introducción

Aún sin conocerlos Pablo oraba por los Colosenses, una actitud que revela mucho de la espiritualidad del apóstol. Generalmente los creyentes oramos primero por nuestras necesidades y luego por las de nuestros conocidos, pero en muy pocas ocasiones oramos por personas que no conocemos.

La oración de Pablo por los Colosense parte del informe que Epafras le dio de esa congregación. A partir de lo que su compañero de fe le dio Pablo inició un clamor por esa iglesia que él no había fundado, pero por la cual sentía especial cariño y aprecio a tal grado que les envió una epístola.

En ella hace un amplio reconocimiento a los miembros de esa comunidad cristiana por su amplia y decidida convicción cristiana manifestada a través de los tres virtudes teologales presentes en su vida cotidiana y sobre todo por el crecimiento y desarrollo de su fe en medio de diversas adversidades.

La oración apostólica por los Colosenses

I. Que reconoce sus virtudes
A. La fe
B. El amor
C. La esperanza
II. Que reconoce su desarrollo
A. Por su fruto
B. Por su crecimiento
III. Que reconoce a Epafras
A. Un consiervo amado
B. Un fiel ministro
C. Un entusiasta creyente

Pablo les dice a sus amados hermanos de Colosas que siempre ha orado a Dios por ellos y lo ha hecho para agradecer al Creador por la vida de ellos. Pablo fue siempre un hombre de oración. Orar dando gracias por los demás es muy útil porque nos acerca a las personas aunque estén lejos.

Pablo nos enseña un modelo para hacer oración por los demás: agradecer por su vida. La gratitud siempre nos permitirá ver a los hermanos de otra manera. Verlos precisamente como hermano y agradecer que hayan creído en Dios, antes que ver sus errores o equivocaciones.

I. Que reconoce sus virtudes

La oración de Pablo es un breve repaso por tres virtudes que descubrió en sus amigos los Colosenses. Es una forma de reconocimiento a hombres y mujeres que creyeron en Jesucristo de manera genuina y lo hicieron de tal forma que Pablo pudo descubrir la veracidad de su conversión en la fe, la esperanza y el amor que mostraron.

Esta forma de reconocer la conversión de los Colosenses nos puede resultar muy útil a la hora de verificar si la conversión o el nuevo nacimiento de un creyente es en realidad genuino o simplemente es una emoción. En estos días en lo que es fácil asumirse como cristiano sin serlo es fundamental esta oración de Pablo.

A. La fe

La fe de los Colosenses fue evidente. De ser unos paganos que adoraban a dioses y deidades que les enseñaron sus padres y que les imponía su cultura, de pronto todos ellos dirigieron su confianza a Cristo.

La fe es una virtud indispensable en el cristiano porque es la aceptación absoluta de que la vida, muerte y resurrección de Cristo son verdades que se aceptan de manera total sin tener la menor duda de que esos hechos, aunque no los hayan visto, ocurrieron tal y como se los refirieron los testigos.

La confianza de los Colosenses estaba fuera de toda duda en el apóstol Pablo porque estaba fundada en Cristo. No en tradiciones, no en seres humanos, no en instituciones, sino en la cabeza del ángulo, el la piedra de toque, en la roca eterna. Esa realidad hace que una persona modifique sustancialmente su vida.

B. El amor

La palabra “amor” que utiliza el apóstol en este escrito procede de la palabra griega “agapen” que significa una relación afectiva nacida de la relación con Dios. La clase de amor que los Colosenses tenía entre ellos estaba basada en su relación con el Señor.

La prueba de fuego en una persona o más bien en un creyente o alguien que dice conocer a Dios es justamente el amor, pero no cualquier clase de amor, sino de aquel que se cultiva entre los hermanos de una iglesia. Nadie puede decir que tiene amor y es un ser solitario. El amor se afirma y se reafirma siempre entre otros o con otros.

Esa era la clase de amor que motivaba al apóstol para orar por los hermanos de la iglesia de Colosas. Un amor como el que solicitaba Juan en sus cartas: apreciando a los demás, procurando por su bienestar y siempre dispuestos a ayudarles en sus necesidades y cargas, por más complicadas que fueran.

C. La esperanza

Un verdadero creyente vive esperanzado. La esperanza es una virtud porque nos permite tranquilidad en medio de tormentas. Los Colosenses tenían una esperanza reservada en el cielo.

La palabra esperanza que usa el griego procede de la expresión “elpida” que significa “la expectativa de algo que es seguro”. Los creyentes tienen la certeza de que lo que esperan llegará en esta vida o en la venidera y en función de esa convicción viven de tal manera que quieren agradar a Dios.

La esperanza es una virtud activa no pasiva, es decir llevan a los creyentes a hacer algo. A no detenerse o a no cruzarse de brazos esperando solamente que lo que esperan llegue. Al contrario siguen haciendo en función de lo que esperan.

II. Que reconoce su desarrollo

Pablo reconoce el desarrollo y progreso de la vida espiritual de los creyentes de Colosas. No puede ser de otra manera. El creyente que en su vida tiene fe, esperanza y amor, es un discípulo que necesariamente dará fruto.

Pablo lo sabe y por eso ocupa parte de su carta a reconocer que la vida cristiana es un constante desarrollo. Un hijo de Dios debe crecer en su vida espiritual. El fruto distingue a un verdadero creyente de un simpatizante. Una persona con una fe genuina produce, alguien que sin una fe genuina no.

A. Por su fruto

La frase “esta llevando fruto” procede de una sola expresión en el griego que es “karpoforoumenon” y que se forma de dos vocablos: karpo, que se traduce como “fruto” y “ferho” que se traduce como traer. La palabra etimológicamente significa traer fruto o llevar fruto.

El creyente es parecido o es comparable con un árbol frutal que se siembra y se está a la expectativa por tarde o temprano dará fruto o llevará fruto. Siempre será de esa forma. Cristo dijo “yo soy la vid y ustedes los pámpanos. En otra palabras y soy la raíz y ustedes son los frutos.

Los creyentes de Colosas estaban dando fruto. Su conversión a Cristo rendía frutos. El evangelio que habían escuchado y seguían producía cambios en su vida. Cambios para bien en su conducta y en su comportamiento para con los propios hermanos de la iglesia y para con los incrédulos.

B. Por su crecimiento

Pablo está empleando dos términos agrícolas de su tiempo, llevar fruto y crecer. Esta última expresión era muy común en las enseñanzas de Cristo. Eran una magnífica parábola para señalar lo que el Maestro espera de sus discípulos.

Dar fruto es la primera fase del proceso de producción, todos los árboles o plantas o semillas dan fruto, pero ese fruto debe madurar y ese es el sentido de la expresión “crecer”, madurar y estar listo para ser cortado y utilizarse o consumirse. El verdadero creyente requiere madurar.

La madurez es una de las grandes aspiraciones de la vida cristiana. Es dejar de comportarse como joven o como adolescente y entrar en la etapa donde cada decisión se mide y se sopesa a fin de tomar la mejor determinación. Los creyentes de Colosas daban fruto y maduraban a causa de la fe, el amor y la esperanza.

El creyente verdadero sigue esa misma ruta. Una vida donde priva la fe, el amor y la esperanza produce resultados o frutos maduros que hacen de su vida una existencia fructífera y de resultados.

III. Que reconoce a Epafras

Pablo en su oración hace un reconocimiento a Epafras, un hermano de la ciudad de Colosas que fue el vínculo entre él y esa iglesia.

Su mención al inicio de la carta nos hace pensar que fue este hombre el que llevó las noticias de la situación de la iglesia al apóstol Pablo y fue muy probablemente quien llevó la carta a los hermanos por su profunda preocupación por lo que estaba sucediendo en la comunidad cristiana.

Pablo siempre tuvo un grupo de colaboradores con quienes trabajó. La obra del apóstol hubiera sido menor sin el apoyo de todos estos hombres que lo acompañaron y trabajaron a su lado con la misma determinación de propagar las buenas nuevas del evangelio en medio de un mundo completamente pagano.

Epafras significa “apetecible” o “simpático” y aunque parece tener relación con Epafrodito, ambos personajes son completamente distintos. Pablo califica como muy sobresaliente a este colaborador suyo como vemos en los siguientes adjetivos.

A. Un consiervo amado

Epafras es calificado como un consiervo, la palabra “procede de la expresión griega “doulos” que significa “esclavo”, “criado” o “siervo”. Epafras tenía muy en claro que clase de servicio ofrecía a Dios. Un servicio en el que se daba todo a cambio de nada.

Pablo tenía en alta estima a quienes dejaban absolutamente todo para rendirse incondicionalmente a la obra de Dios. La mayoría de sus colaboradores tenían este principio bien entendido. La labor misionera o de proclamación del evangelio de Cristo tenía como base o cimiento un servicio incondicional a Cristo.

B. Un fiel ministro

En griego este título o este adjetivo nace de dos vocablos “pistos diakonos” que significa un confiable servidor. La palabra pistos la estudiamos la semana pasada cuando Pablo les dice en el saludo a los Colosenses que son fieles, es decir que son dignos de confianza, que tienen crédito por su forma de vida.

Y ahora, el apóstol le agrega la expresión diakonos para referirse al carácter de Epafras. Epafras cumplía a cabalidad con el perfil de un verdadero servidor. La expresión diacono o diakono la encontramos expresada en Hecho 6 cuando se eligen a seis diakonos para servir a las mesas. Eran servidores.

El diacono al igual que muchos títulos en el Nuevo Testamento para referirse a quienes sirven son funciones o nombramientos o cargos especiales. Para servir como una especie de mesero Epafras tenía toda la confianza del apóstol Pablo.

C. Un entusiasta creyente

Fue Epafras quien les declaró el amor en el Espíritu que se profesaban los Colosenses. No fue alguien que llegó con quejas a Pablo, sino con un informe visto desde una perspectiva entusiasta, sí había problemas, pero habían grandes logros.

Epafras se entusiasmo al ver a los Colosenses sirviendo a Cristo con determinación y dedicación, equivocados en algunas cosas, pero leales a la causa del Señor en medio de una sociedad perdida y rendida al pecado. Fue optimista al referirse a sus hermanos en Cristo y ese optimismo lo llevo a entusiasmarse con ellos.

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