Recibir a un enviado tendrá una recompensa

Dice la Biblia en Mateo 10: 40-41

40 El que a vosotros recibe, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió.41 El que recibe a un profeta por cuanto es profeta, recompensa de profeta recibirá; y el que recibe a un justo por cuanto es justo, recompensa de justo recibirá.

Introducción

Como primera conclusión al discurso apostólico, Cristo termina señalando las recompensas, premios o galardones que recibirán todos aquellos que se solidaricen con los enviados, que serán aborrecidos u odiados, despreciados, amenazados, azotados, perseguidos e incluso asesinados por proclamar las buenas nuevas de Cristo.

Recibir a un enviado será un reto o todo un riesgo porque implica asumirse como simpatizantes de ellos y eso provocará de inmediato ser asociados con ellos y se correrá el riesgo de sufrir los mismos padecimientos que ellos traen tras sus espaldas, lo que hará que muchos en lugar de apoyarlos los ignoren.

Cristo dirige estas últimas palabras ya no tanto a los enviados sino a quienes los verán y conocerán. Están dirigidas a los que no serán enviados para que participen con ellos, los riesgos que asumirán serán gratificados ampliamente por el propio Cristo y por Dios mismo a quienes los ayuden.

Recibir a un enviado tendrá una recompensa

  1. Como la que viene por recibir a Cristo
  2. Como la recompensa de un profeta
  3. Como la recompensa de un justo

Dos palabras se reiteran en estos dos versos de Mateo diez: recibir y recompensa. A los enviados hay que recibirlos. La palabra recibir procede de la raíz griega “dechomai” que inicialmente significa “agarrar de la mano”. La palabra es rica en significados porque también se utilizaba para referirse a abrazar o apropiarse de algo.

La expresión recibir no solo implica, entonces, simpatizar, sino tomar partido con los enviados. Es más que un acto de solidaridad ya que es asumir una actitud de empatía con todas las implicaciones que trae consigo asumirse como apoyadores o ayudadores de esta clase de personas odiadas y perseguidas por proclamar el evangelio.

Recibir entonces es hacer como propia la causa de los enviados. Es prácticamente ponerse en su lugar o en sus zapatos de tal manera que a la hora de ser exigidos por nuestro apoyo a ellos sacar la cara sin temor alguno. Es un hacerse igual a ellos, sin ser enviados, sino beneficiarios de su ministerio.  

  1. Como la que viene de recibir a Cristo

Jesús fue muy claro al decir que quienes reciben a los enviados es como si recibieran a Cristo mismo. Pero además al recibir a Cristo en realidad estaban recibiendo a Dios mismo.

Los enviados son seres especiales, son hombres y mujeres que han decidido entregar su vida incondicionalmente al Señor, sin importar que con esa decisión rompan con su familia, se desliguen del mundo y pongan en peligro su existencia con tal de cumplir con la voluntad de Dios para sus vidas.

Esta clase de personas están muy conscientes de que su vida corre graves riesgos y a pesar de ello, ni renuncian ni se echan para atrás en su decisión de servir a Dios proclamando las buenas nuevas de salvación porque saben que ese es el llamado para sus vidas y de no hacerlo incumplirían con su propósito de vida.

Esta clase de personas son dignas representantes de Cristo. Por eso al recibir a una de ellas en realidad se está recibiendo a Cristo mismo. Son la clase de personas que están dispuestas a entregar su vida a la causa de Cristo y si por ello han de morir lo hacen con toda su voluntad como Juan El Bautista, Esteban, Pablo y otros muchos más.

2. Como la recompensa de un profeta

La historia de la viuda de Sarepta de Sidon ilustra muy bien a la clase de bendición que traía consigo recibir a un profeta. La encontramos relatada en 1º de Reyes 17: 8-24.

Es una historia de como una mujer recibió a un profeta perseguido como Elías. Su mérito fue alimentarlo cuando ni ella misma tenía para comer. Hay una gran recompensa cuando arriesgamos nuestra vida por otros. En realidad esa es una demostración de amor al prójimo más contundente.

Luego, esa mujer perdió a su hijo y Elías oró por él y resucitó. Las pruebas siempre van a llegar a la vida, pero la presencia de un profeta siempre nos ayudará a sortearlas y sobrellevarlas.

3. Como la recompensa de un justo

Los justos eran personas piadosas. Personas allegadas a Dios con un corazón siempre dispuesto. De Noé se dice que era un justo. Se dice lo mismo de José, el esposo de María.

En el Antiguo Testamento encontramos muchos justos, Abraham, Lot, Samuel y muchos más que vivieron para Dios y que fueron galardonados por Dios porque todos ellos lucharon o se abrieron paso con su fe en medio, generalmente de generaciones que despreciaban a Dios.

Su lucha contra el mundo fue tremenda, pero siempre la ganaron, nunca desistieron en su determinación de servir a Dios.

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