Conocer plenamente la voluntad de Dios

El anhelo apostólico para los Colosenses: Conocer plenamente la voluntad de Dios

A. Para tener una conducta digna de Cristo
B. Para tener una conducta resistente
C. Para tener una conducta agradecida

Dice la Biblia en Colosenses 1: 9-14

9 Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual,  10 para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios; 11 fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad;  12 con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz;  13 el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo,  14 en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.

Introducción

Pablo tenía un anhelo y deseo para los Colosenses por el cual oraba y es que fueran “llenos del conocimiento de la voluntad de Dios” o como dice la versión de la Biblia Dios Habla Hoy “conocer plenamente la voluntad de Dios” porque así podrían vivir como el Señor quería, podrían conducirse con propiedad y podía actuar como Dios quería.

La expresión “llenos del conocimiento de la voluntad de Dios” la usa Pablo para señalar la necesidad que tenemos como creyentes de saber perfectamente o completamente cual es el deseo de Dios para nuestras vidas. La palabra “lleno” implica atiborrado, pletórico, rebosante o completo.

La palabra conocimiento que usa aquí tiene la connotación de un conocimiento puesto en práctica, más que un conocimiento estrictamente mental o racional. Y la palabra voluntad, que ya la hemos estudiado con anterioridad quiere decir deseo. La voluntad de Dios es el deseo que Dios tiene para con sus hijos.

Unidas las tres palabras nos permiten entender que Dios quiere que estemos llenos de un conocimiento practico de lo que Dios desea para nuestras vidas para que tengamos sabiduría y entendimiento espiritual. Los incrédulos usan su raciocinio, pero no pueden alcanzar nada más que lo que la lógica impone. El creyente va justamente contra la lógica.

La sabiduría y el entendimiento espiritual son las herramientas que Dios diseñó para llenarnos del conocimiento de la voluntad de Dios. Ambas nacen del estudio y meditación de la palabra de Dios. Es el combustible para conocer lo que Dios demanda de nosotros. La sabiduría y el entendimiento espiritual se apoyan en la Escritura, esencialmente.
Este anhelo del apóstol Pablo por el cual también hace oración nace porque justamente del conocimiento pleno de la voluntad de Dios se desprenden aspectos básicos en la vida del creyente. Y aquí la enorme diferencia con el conocimiento que solo se queda en la mente y no se practica. Ese conocimiento es impráctico.

A. Para tener una conducta digna de Cristo

El creyente debe andar como Cristo anduvo en la tierra. Pablo quiere que los creyentes vivan como es digno del Señor. La palabra se puede traducir simplemente como “adecuadamente” o “de acuerdo a”.

Los creyentes debe vivir adecuadamente o parecidos a Cristo. Deben vivir bajo las normas que Cristo enseñó y practicó. A continuación Pablo menciona tres de ellas que nos ayudan a comprender cuál era la intención de Pablo al hablar sobre este importante tema para la vida cristiana.

1. Agradándole

Agradar a Dios quiere decir se complaciente con él. Vivir de tal forma que nuestra vida refleje su voluntad esforzándonos de manera que sea más que evidente que vivimos para él y no para nosotros mismos.

Agradarle a él implica estar al pendiente de lo que desea. Estar atentos para obrar conforme a sus mandamientos y evitar agradarnos a nosotros mismos o a otras personas fuera de Dios. Andar o vivir dignamente es vivir para agradarlo con lo que hacemos, decimos o pensamos.

2. Llevando fruto de toda buen obra

Las buenas obras son las marcas de un verdadero cristiano. El fruto del que habla Pablo aquí es el de las buenas acciones. Aquellas que nos hacen diferente a los demás.

Cristo hizo buenas obras y en consecuencia sus seguidores están impelidos para repetir exactamente toda clase de actos que manifiesten claramente su bondad. La enseñanza sobre el creyente dando buenos frutos Cristo la repitió una y otra vez a sus discípulos a fin de que entendieran que el creyente es un ser productivo.

3. Creciendo en el conocimiento de Dios

El creyente debe crecer y su conocimiento de Dios debe ser en forma ascendiente, de menos a más. El creyente no puede ni debe estar con el mismo conocimiento siempre. Debe avanzar y perfeccionarse.

Llenarnos de la voluntad de Dios implica conocer mejor a Dios. Nunca llegaremos a la comprensión absoluta de la mente de Dios, pero al crecer en su conocimiento podremos saber cuáles son sus demandas para nuestra vida. Entenderemos lo suficiente para saber que está ocurriendo en nuestra vida o por qué.

B. Para tener una conducta resistente

El cristianismo no es un día de campo, definitivamente. El cristianismo es conflicto, es lucha, es confrontación con enemigos naturales como el mundo, el diablo y la carne, pero también todas aquellas circunstancias dolorosas que a veces llegan a la vida del creyente.

Pablo anhelaba y oraba porque los Colosenses fueran resistentes o fuertes ante los embates que vendrían a su vida. Pablo no tenía una idea romántica de la vida cristiana. Sabía que era una vida complicada porque el mundo aflige y quiere dañar a la iglesia y a sus miembros y por eso quiere de los Colosenses una conducta resistente.

1. Con todo poder

El creyente debe recurrir o debe asistirse de todo el poder que hay en Cristo. Jesús antes de irse le dijo a sus discípulos que recibirían poder. La palabra poder procede de una raíz que significa dinamita.

El poder de Dios se asemeja justamente a este artefacto que se utiliza para hacer estallar rocas o materiales muy resistentes. El poder de Dios es una facultad otorgada a sus hijos para hacer frente a lo que los resiste. Ese poder es capaz de “dinamitar” todo aquello que parece inamovible.

Pablo quiere que comprendamos que necesitamos hacernos del poder de Dios que viene de una sumisión y sujeción al Espíritu Santo. Es dejarnos llenarnos de él y como consecuencia podremos hacernos resistentes a toda clase de lucha que tengamos contra el mundo, el maligno y nuestra naturaleza caída.

2. De acuerdo a su potencia

Parecen las mismas expresiones “poder” y “potencia”, pero la segunda procede de la raíz “kratos” que los griegos utilizaban para referirse a una deidad fuerte y poderosa. Se le denominaba Titán por su altura y fortaleza.

La gloriosa presencia de Dios en nuestras vidas nos hace fuertes. Nos da la capacidad para resistir todo embate y toda confrontación que se levante contra nosotros. Recurrir a Dios hace posible que nos llenemos de su fuerza y poder. En nosotros mismos nunca podremos, pero en el poder de él, sí.

3. Para toda paciencia y longanimidad

El creyente necesita tener una conducta resistente porque le espera un largo camino donde necesitará una y otra vez paciencia y calma frente a toda clase de problemas, adversidades y tribulaciones.

Resistencia, soportar y firmeza son las palabras con las que se traduce la expresión longanimidad en su raíz griega “hupomoné”, mientras que la palabra paciencia la traducción derivada de la raíz griega es constancia y perseverancia. Pablo quiere decirnos que necesitamos la fuerza de Dios para no movernos un milímetro de nuestra fe.

4. Con gozo

El creyente debe enfrentar con alegría las tribulaciones que vienen a su vida y eso solo ocurre cuando esta fortalecido.

C. Para tener una conducta agradecida

Tener conocimiento pleno de la voluntad de Dios nos ayuda a ser agradecidos por lo que Dios ha hecho en nuestras vidas. Ignorar todas las bendiciones de Dios en nuestra existencia solo nos llevará a la ingratitud.

La gratitud crece día con día cuando sabemos lo que Dios ha hecho por nosotros. Pablo está agradecido con Dios siempre porque sabe perfectamente todo lo que el Señor hizo por su vida, cuando ni siquiera lo merecía.

1. Porque nos hizo aptos

Dice Colosenses 1: 12 “…al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz”. Dios nos hizo herederos de los santos que conocían la luz reservada para los justos. No éramos beneficiarios del testamento que nos hacía participes.

Ante esta condición, lo que Dios hizo fue “hacernos aptos”. La palabra aptos procede de la raíz griega “hikanoó” que se traduce como competentes, adecuados, capaces, calificados. Todas estas expresiones nos señalan la incapacidad de nosotros o lo incompetentes que éramos para tener parte con los santos en luz.

Éramos oscuridad completa y él nos permitió conocer la luz. Vivíamos en las tinieblas y él nos dio su brillo. No teníamos la aptitud para conocer su luz, pero nos capacitó para reconocerla.

2. Porque nos libró de la potestad de las tinieblas

Cristo nos liberó del poder y fuerza de las tinieblas que nos tenían cautivos a su antojo. Pero no solo nos libertó, sino que juntamente con la libertad nos trasladó al reino de su amado Hijo. Hubo en nuestra vida un cambio de reino. Del reino de las tinieblas pasamos al reino de la luz, el reino de su amado Hijo. No fue solamente quedar libres completamente, sino también la posibilidad de instalarnos en otro reino completamente distinto.

3. Porque nos redimió

La redención de Cristo por nosotros fue a través de un precio muy alto: su propia vida que la entregó por cada uno de nosotros.

Con su sangre en la cruz del calvario pagó nuestra enorme deuda que teníamos con Dios y entonces fuimos liberados del pecado que nos tenía cautivos y gracias a su enorme sacrificio nosotros dejamos para siempre la esclavitud a la que os tenía sometido el pecado.

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