La palabra que sana y libra de la ruina

Dice la Biblia en Salmos 107: 20 “Envió su palabra, y los sanó, y los libró de su ruina.”

De acuerdo a los rabinos judíos diez fueron los tropiezos que tuvo Israel durante su peregrinar de Egipto a la tierra prometida. En el libro de los Jueces encontramos en forma cíclica sus yerros, su clamor a Dios y su liberación y de igual modo en los libros de los profetas encontramos la rebelión de su pueblo.

La ruina de su desobediencia es retratada en el Antiguo Testamento de las más diversas formas, pero la más interesante de ellas es que la describe el salmo que hoy meditamos. La palabra de Dios se ausentaba de su existencia y eso los enfermaba grave y mortalmente porque se arruinaban sin remedio.

Cuando Dios quería sanarlos, entonces, usaba a sus siervos los profetas para llevarles su mensaje o su palabra para sanarlos. Una y otra vez, el Señor envió a sus videntes para que hablaran a su pueblo de su voluntad y mediante esa predicación ellos pudieran arrepentirse y ser sanados.

La palabra de Dios los libró de la ruina. Que grande virtud de la Escritura: evita la desgracia en la vida de las personas y le libra de sufrir la vergüenza pública que viene con la ruina. Rechazar la Biblia lo único que atraerá a la vida de las personas es afrenta y oprobio que los llevará a vivir circunstancias sumamente dolorosas.

Ahora Dios ya no tiene que enviar su palabra. Su palabra está entre nosotros y lo único que debemos hacer con ella es tomarla, leerla, meditarla y reflexionarla y si estamos enfermos del alma se encargará de curar todas nuestras dolencias y evitará que caigamos en el fracaso personal o familiar.

La Escritura es muy útil para evitar calamidades. Solo es necesario acercarnos a ella. Buscarla y no dejarla nunca. Con ello estaremos dando un gran paso en la dirección correcta.

Cuanto sufrimiento nos ahorraríamos si lográsemos comprender que la revelación de Dios tiene como finalidad sanarnos y librarnos de la ruina. Estoy seguro que correríamos tras ella y haríamos cualquier esfuerzo con tal de escucharla y ponerla por obra. 

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