Unidos con Cristo

Dice la Biblia en Juan 15: 1

“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.”

Para facilitar la comprensión de su mensaje, Jesús recurrió a ejemplos muy sencillos que podía entender cualquier persona. Siempre será un ejemplo a seguir a la hora de enseñar el estilo de la pedagogía de Cristo. El evangelio de Juan recoge justamente decenas de esos ejemplos para hacer muy comprensible la obra y persona de Cristo.

Su estrecha relación con el Padre fue reiterada una y otra vez por Cristo. Su unidad, su indivisibilidad y sobre todo su perfecta comunión, fue señalada una y otra vez por el Señor, al grado de señalar que quien lo había visto a Él en realidad había visto a Dios. De hecho esa fue una de las acusaciones por las que fue crucificado.

La idea de Cristo al comenzar su discurso o sermón del capítulo 15 de Juan era señalar que al igual que él tenía una comunión íntima con su Padre, así justamente era necesaria la comunión de sus seguidores con Él. Así como era impensable que el pudiera sobrevivir sin relacionarse estrechamente con su Padre, de igual modo los discípulos con su persona.

El ejemplo de un viñedo sirvió para este fin. La vid era el propio Cristo y el labrador o quien cuidaba o cultivaba ese viñedo era el Padre. Así como un viñedo tenía que labrarse, así el creyente debía tener mucho cuidado de dejarse cultivar o cuidar por Cristo. Sería imposible producir sin la intervención de un agricultor en un viñedo.

Con este sencillo ejemplo Cristo quería que sus seguidores comprendieran cabalmente la necesidad que tienen de depender absolutamente de su Creador. Así como es imposible que un fruto se desarrolle fuera o separado de un árbol de manera idéntica un creyente no se puede desarrollar fuera de Cristo.

Vivir con Cristo, para Cristo y por Cristo es un imperativo para todo aquel que se llame discípulo del Señor porque nadie que se diga su seguidor puede obrar buenas obras lejos de la fuente bendita de bien.

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