Quien salva una vida, salva el mundo entero

Por Paola Flores 

Un proverbio hebreo dice así: “Quien salva una vida, salva el mundo entero”. ¿Por qué? Porque la unión genética de dos personas, representa desde el momento mismo de la concepción, la creación de un universo totalmente nuevo, único e insustituible. 

Cada uno de nosotros somos conscientes de lo mucho que vale nuestra vida, por eso celebramos los cumpleaños, usamos el cinturón de seguridad al conducir y vamos al médico ante la más mínima señal de malestar. Porque nos gusta la vida, con todo y sus altibajos, somos felices de estar aquí.

También sabemos que esto, nuestro presente y todo lo que somos hasta este momento, es efímero, que se escapa en un minuto, sabemos lo que duele que se termine de ese modo, porque hemos perdido a alguien. 

Entonces, sí estamos al tanto de todo esto, si entendemos que es imposible comprar vida en los supermercados, ¿por qué hay tanto afán en deshacernos de ella, de descartarla en el segundo en el que incomoda nuestros planes y placeres? Tal vez lo que hace falta es aprender a querer la vida, a quererla en cualquier circunstancia y luchar por ella. 

Porque si uno no pelea para que la vida sea valiosa ¿qué sentido tiene? 

La diferencia de la vida humana a las otras formas de vida es que tu le puedes dar hasta cierto punto una orientación, puedes en términos relativos darle un significado a tu existencia, pero hoy en día hemos inventado muchas cosas para justificar nuestros miedos y errores, cuando la verdad, el contenido real de nuestra paso por esta tierra está en dar, dar vida, respetarla y protegerla. 

La vida es la única cosa que no puede comprarse. No hay algo que valga más que ella. 

Claro que tampoco se trata de idealizar, nuestra postura no busca estigmatizar, ni es conservadora o fanática. Pasan cosas malas, cosas tristes, pero si algo hemos aprendido, es que en la constitución de nuestra naturaleza está incrustada la capacidad de una y otra vez volver a levantarnos. 

Aquí y ahora estamos defendiendo la vida, anteponiéndola ante cualquier otro interés. Lo hacemos por el mañana que se escribe hoy, para que al irnos de este mundo podamos decir como escribió Amado Nervo ¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: